martes, 12 de abril de 2011

PERU - CAP 10/15: DIA 1 - Choquequirao – el móvil

Tengo la cara desfigurada por 26 picaduras de mosquito.  Pero ¿qué fue lo que me motivó a partir hacia Choquequirao?  Como bien dije al principio de este diario, lo que motivó mi curiosidad por esta ciudadela incaica fue, cuando estando en Cusco en el año 2009, un historiador argentino que resultó ser compañero mío de la facultad, me habló de ella.  La ciudad gemela a Machu Picchu, La Cuna de Oro, yacía en un 70% todavía debajo de la vegetación.
El segundo móvil fue que hace un año atrás aproximadamente, mientras quemaba en mi casa unos inciensos incaicos traídos de Cusco, en un momento mi habitación se llenó de una niebla blanca y espesa.  En ese momento me sentí en contacto con las divinidades incaicas y acudí a su ayuda divina a cambio de una promesa: que me ayudaran a encontrar el amor a cambio de dedicar mi vida como arqueóloga a estudiar Choquequirao.  Pocos días después, conocí a un muchacho peruano con quien entablé una grata amistad, el hombre soñado parecía hacerse realidad.  Y lo más impresionante del caso es que yo soy y vivo en Argentina… el encuentro era algo realmente mágico.
De esta manera surgió un tercer móvil: leí toda la literatura disponible y en base a ello armé un plan de excavación arqueológica en los andenes de cultivo para poder determinar porcentajes de plantaciones destinadas al consumo doméstico versus las plantaciones destinadas al uso ritual y poder estimar así la densidad poblacional que estos andenes podían sustentar. Así fue que se inició mi Camino a Choquequirao, para cumplir mi papel de arqueóloga y de mujer enamorada.  Esta era la forma en que yo tenía planificado cumplir mi promesa, colocando todo este proyecto en mi tesis de licenciatura.
Tengo también picaduras menores en las manos.  Tengo otras tantas en los brazos, en las piernas, en los hombros, en el cuello y unas tremendas ronchas a la altura de la cintura en la espalda, pero ya no me atrevo a contarlas.  ¿Que si llevé repelente?  Sí, claro, llevé dos: uno en crema y otro en aerosol, colocados uno encima del otro hasta intoxicarme con el olor, pero cada picadura es un pago con sangre por querer ingresar en este territorio.
DIA 1: Choquequirao, Perú — martes, 12 de abril de 2011
Apenas si pude avisar a los míos que partía la madrugada siguiente a la montaña.  Me despedí rápidamente, vía telefónica, con muchos deseos de suerte y buenos augurios y me fui a dormir.  Pero esa noche dormí mal toda la noche.  Hacía varios días que dormía respirando por la boca por tener la nariz congestionada y esta noche no era la excepción, ni de la nariz, ni del frío invadiéndome de golpe todo el cuerpo.
Esa mañana me levanté realmente mal y ya desde la cama comencé a preguntarme: “¿Quién me mandó a meterme en esto?”.  Estaba descompuesta del estómago, tenía tapadas las vías respiratorias, tanto que al sonarme la nariz me salían como coágulos de sangre y tenía los labios blancos.  Incluso deseé que vinieran y me dijeran que se cancelaba la salida… fui al baño, me cambié, dejé todo listo y volví a acurrucarme en la cama, cerré los ojos y me adormecí hasta que golpearon a mi puerta, la hora de partida había llegado.  Podía cancelar yo mi partida pero me di la oportunidad de intentarlo aunque más no fuera el primer día, ya que se suponía que el camino para ese día era todo en descenso.  También pensé que juntándome con el resto del grupo, la emoción de la partida me ayudaría a disolver mi malestar.
Siendo un grupo de 5 integrantes salimos en camioneta desde Cusco hacia San Pedro de Cachora donde se inicia el trekking.  El trayecto es de unas 3 horas por carretera asfaltada y sinuosa, sobre la que cada tanto había ocurrido algún derrumbe pero ya estaban las topadoras ahí mismo despejando el camino.

A medida que el camino iba en descenso, iba haciendo más calor, mis labios empezaban a tomar color y empezaba a tener hambre, lo cual era una buena señal ya que desde el día anterior no soportaba sabor alguno.  Pero tenía que solucionar el tema de mi congestión, necesitaba poder respirar profundo por la nariz para el ascenso porque la respiración por boca, al ser más corta, agita más rápido.  Así fue que sin pensar demasiado las ecuaciones de presión, altura y temperatura me tomé un Nastisol en la camioneta para ver qué efecto me hacía.
  
De pronto, un desvío hacia Cachora por camino de ripio, también con derrumbes pero en este caso se hacía camino al andar.  Llegamos a Cachora, almorzamos y luego del almuerzo iniciamos el trekk.
A diferencia del Camino del Inca que tiene infinidad de escalones y piedras y que además es angosto, este camino es más ancho y se compone en gran parte de tierra con pedregullo.  Durante el camino fue un segundo Nastisol.
Ese primer día pude sentir sólo los sonidos del río caudaloso y omnipresente escondido entre la vegetación, pero extrañamente no se oía trinar a los pájaros.  El camino que teóricamente es “de bajada” se inicia con un ascenso leve pero continuado hasta un punto panorámico llamado Mirador de Capulloc.  Ahí empecé a notar que mi condición física no me iba a acompañar.


Había entrenado más duro que lo común durante los 4 meses previos al viaje aumentado el kilaje de las máquinas de fuerza, había hecho bicicleta e incluso cinta con una inclinación de 35 a 40 grados, había trabajado las piernas en el escalador como lo hago desde que tengo 16 años.  Desde esa edad que hago entrenamiento continuado, incluso las largas caminatas de 50 o 60 cuadras son comunes en mi día a día.  Tenía también todo el equipo: el repelente para los mosquitos, un licor y un chocolate para combatir el frío, bombones de fruta para recuperar azúcar, papas fritas para combatir la presión baja, bebidas energizantes para rehidratarme rápidamente, linternas, palos de trekk, rodillera, muñequera, una super campera de invierno y una bolsa de dormir para 10 grados bajo cero.
Pero no me falló el equipo.  No me falló la musculatura.  No me fallaron las articulaciones.  No sentí molestia alguna en la rodilla operada, lo cual me puso contenta por el buen trabajo previo que había hecho para compensar la lesión articular con un aumento de musculatura.  Me falló que entrené a nivel del mar e intenté replicar a 3000 metros sobre el nivel del mar, que entrené a temperatura controlada por un aire acondicionado e intenté replicar en un clima húmedo y a pleno rayo del sol.



Primeras diez zetas largas
Luego de atravesar el Mirador de Capulloc comienza recién el camino de descenso propiamente dicho por la ladera de la montaña en una seguidilla de caminos largos en forma de “Z” que se componen de un total de 10 rectas.  Esa noche acampamos en Chiquiscca, un campamento que queda un poco más allá de la última de esas rectas.


Como siempre, tanto en el Camino del Inca como acá, la labor del cocinero y del arriero es impecable.  Uno llega al campamento y tiene todo absolutamente listo: las carpas armadas y la comida caliente.  Las cuatro comidas del día son siempre suculentas, picantonas, recargadas y fritas.  Es increíble lo complejo que son los platos que cocinan siendo que lo hacen en cualquier rincón de la montaña y lo que más me maravilla es ver que transportan los maples de 30 huevos en las mulas y que llegan enteros!!!!!!!  Comimos huevos fritos, papas fritas, arroz, choclo, omeletes, pochoclos calientes, lentejas con carne, ensalada, sopa, pan, mantequilla, avena… una maravilla!!!

  En el campamento de Chiquiscca vive una familia con caballos, conejos, unas gallinas, una habitación llena de cuyes que por más que tienen la puerta abierta ellos no se escapan y una oveja a la que bauticé Dolly, ya que estando atada a un árbol frutal justo en la puerta de nuestra carpa, ella venía en busca de nuestras galletitas peruanas de soda (como las galletitas de agua argentinas pero más esponjosas).  También había muchos árboles frutales, con tanta abundancia de frutos que caían maduros y quedaban sobre la tierra entre las ramas y las hojas secas, así que uno podía caminar y servirse frutos directamente de los árboles si quería pero llegamos a ese campamento terminando la tarde y no hubo ocasión de relacionarnos con las frutas… no sería por lo menos ese el momento todavía en que yo me relacionara con ellas.-

lunes, 11 de abril de 2011

PERU - CAP 9/15: Viviendo El Cusco – Parte III

Cusco, Perú — lunes, 11 de abril de 2011
Hoy desperté realmente descompuesta, creo que incluso tuve un poco de fiebre.  ¿El pollo o la papa rellena? nonono, siento que lo que realmente me hace mal en este país es la leche, es como si fuera acuosa, transparente, lo pienso y me da escalofríos.  En Baires tomo leche todos los días, sola, fría, caliente, con café, con chocolate, con cereales, con miel, pero acá la leche parece no tener esos procesos de pasteurización y el nivel de bacterias del que nos habla Pancho Ibañez.  Así que tuve que tomar mi primer pastilla de Sertal de las 2 que compré a último momento en el chino de casa.
Además, desde que estoy en Perú me ha pasado tres veces sufrir descompensaciones térmicas que me hacen temblar todo el cuerpo incluyendo la boca también, me invade una sensación de frió como si fuese una hipotermia, como si se me fuera todo el calor corporal y tengo que envolverme en una manta y tomar un trago de licor.  Nunca antes me había pasado, ni siquiera durmiendo en zona glaciaria.
Pero, de todos modos, como todos los días, me levanté igual temprano y dada mi condición estomacal, decidí quedarme por los alrededores de la ciudad para conocer en este caso el Mercado Central de Artesanías que queda al finalizar la Av. El Sol.
Con los mercaderes sucede en todos lados lo mismo: hay pocos turistas y se desesperan por venderte cualquier cosa, por eso, algunas veces, es mejor pasar sin mirar.  Entre ellos hay mucha competencia y todos tienen prácticamente los mismos productos, entonces la diferencia está en la rebaja o en el pack.  Sobre todo si es la primera venta del día, la rebaja puede ser bastante sustancial y si logran concretarla, festejan de alegría.
Lúcuma
En mi sección “probando frutas peruanas” he probado estos días la lúcuma, la cual ya había tenido el gusto de probar en forma de yogurt.  Es una especie de palta cuya piel es fina y verde, es una fruta redondita, simpaticona, con una estrellita por hoja y bien naranja por dentro.  Su semilla también es similar a la de la palta y según me indicaron, las más ricas son la que están chamuscadas por fuera.  Para saber si está en su punto justo se la debe agitar, si la semilla se mueve y hace ruido, entonces está lista para consumir.  Sin embargo, para mi gusto, es demasiado dulce y paposa.
Cuando volví del mercado me fui caminando hasta la fortaleza de Saqsaywaman (se accede a pie desde la ciudad, siguiendo la subida de escalinatas de la calle Choqechaka).  Se trata de una triple muralla de fortificación incaica para proteger en ese entonces la ciudad del Cusco.  Esta muralla tiene la particularidad de estar hecha como en paneles cúbicos.








El hostel en el que me alojo tiene la estructura típica de todas las construcciones del Cusco: parecen un conventillo colonial, especio que sobra, espacio en el que arman una nueva habitación con techo de tejas.    De esta manera se amplía la ciudad pero sin perder el estilo.  Pero, lamentablemente, hay cosas muy ilógicas en este Cusco.  Si uno pasa por al lado de la famosa Piedra de los Doce Ángulos (una piedra que forma parte de una  estructura incaica en la calle Cuesta de San Blas y que tiene la particularidad de estar cortada con 12 ángulos) y uno la toca, se lo prohíben.  Sin embargo, en el mismísimo Barrio de San Blas, la cadena internacional de hoteles Marriott ha conseguido adueñarse de casi una manzana entera bajo el título “puesta en valor”.  Según me comentaron, los vecinos de la zona no pudieron hacer nada frente al dinero que motivó tal emprendimiento.  También me comentaron -y acá viene lo ilógico del caso- que el muro inca que se encontraba en ese lugar, fue desmantelado y vuelto a ensamblar a pocos metros de su lugar original, sin embargo, el encastre no quedó con la perfección incaica original… ¿será que si pago unos cuantos millones puedo tocar libremente la Piedra de los Doce Ángulos?


En mi camino de regreso por la ciudad me encontré por la calle con el operador turístico con quien tenía planificado hacer el trekking a Choquequirao y me dijo, siendo las 17hs “mañana partimos a Choquequirao” así que no me quedó otra que correr a preparar todo en un par de horas: lo que iba a llevar, lo que iba a dejar en custodia, vaciar la memoria de la cámara, conseguí algo más de dinero y hacer lavar y secar la ropa en menos de dos horas.-


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DATOS
§  Mercado Central de Artesanías: Av. El Sol y Av. Tullumayu
§  Saqsaywaman: se accede caminando por la calle Choqechaka hacia arriba, la calle va en ascenso hasta convertirse en una gran escalinata al final de la cual está este centro arqueológico.

domingo, 10 de abril de 2011

PERU - CAP 8/15: Viviendo El Cusco – Parte II

Cusco, Perú — domingo, 10 de abril de 2011
Hoy por suerte salió el sol y pude andar nuevamente en musculosa.  Hoy tengo el gusto de estar escribiendo este capítulo del diario en un balcón colonial de una cafetería frente a la Plaza de Armas.  Ayer fui a visitar Maras y Moray, y de paso en el camino nos llevaron también a visitar a una comunidad de tejedoras que preparan tintes naturales con colorantes provenientes de insectos y vegetales.  Las lanas naturales obtenidas de animales son lavadas primero con la saponina procedente de una raíz y cuando están secas, realizan el hilado en un huso romboidal dándole forma a las hebras “amasándolas” entre los dedos índice y pulgar.  Luego arman las madejas las cuales sumergen en los tintes colorantes diluidos en agua, a los cuales agregan sal o ceniza volcánica según se desee oscurecer o aclarar la tonalidad y una vez que están secas estas lanas coloridas, hacen sus tejidos en telar.
Moray es un antiguo laboratorio agrícola perteneciente a los Incas con terrazas circulares concéntricas, cada una de las cuales, a su distinto nivel y temperatura, reproduce distintas condiciones climáticas.



Maras son unas salinas que desde tiempos precolombinos vienen funcionando hasta la actualidad.  El sistema se compone de una serie de piletones excavados en la ladera  de la montaña los cuales se llenan de agua salada, la cual luego de evaporarse, decanta su sal lista para procesar.



La necesidad de integración cultural entre los Pueblos Originarios y los turistas Europeos se nota en su discurso y en la incorporación de expresiones idiomáticas típicas europeas.  Aunque no lo crean, estas tejedoras andinas eran trilingües y explicaban sus trabajos en castellano y en inglés, aún cuando el lenguaje nativo de la zona a la que pertenecen puede ser Quechua o Aymara.  Estas mujeres utilizan incluso los colorantes naturales rojizos a modo de cosméticos y cuando mencionaron esto especificaron “24 hours of long duration” y agregaron “y no deja manchas en la camisa del caballero“.  También vi en el camino un grupo de estudiantes que ofrecían una bebida fermentada a base de anís cuyas propiedades estimulantes eran presentadas a modo de “Red Bull Andino“.  El “mensaje blanco” permeaba el canal de comunicación de los Pueblos Originarios en un intento de llegada y de integración.




A mi regreso a la ciudad me fui a saldar una cuenta pendiente con el Templo del Qorikancha que en mi viaje anterior no lo había visitado.  El Qorikancha era el principal templo incaico de El Cusco y cuando llegaron los españoles construyeron sobre él el Convento de Santo Domingo, por eso en su interior, no sólo se ven las dos arquitecturas, conjunción típica de todo El Cusco, la incaica por debajo, la española por encima, sino que además, sus galerías están revestidas por óleos originales de la época colonial.



Hoy domingo me tomé una combi local (salen de la calle Puputi, a una cuadra de Av. Recoleta) y me fui a conocer el Mercado de Pisac, un mercado artesanal donde también hay venta de frutas y verduras.  En este espacio se congregan pobladores de los andes y de los valles para intercambiar los productos de sus distintos pisos ecológicos.  Además del mercado, Pisac es famosa por un conjunto de ruinas arqueológicas (que tengo entre mis pendientes),  por la misa en quechua y por sus hornos de barro coloniales.  Uno de ellos en particular es famoso además por sus empanadas de queso y cebolla así que me fui en busca del horno y sus manjares y cuando llegué me encontré además con un criadero de cuyes vivos los cuales los comensales elijen en el momento y luego de ser matados in situ, son preparados a las brazas.  Los cuyes hermosos… yo en mi casa tuve dos como mascotas así que sería incapaz de comerlos, las empanadas puro pan dulce con un trocito de queso.  La iglesia nunca la encontré… dicen que la trasladaron… dicen que está cerrada por reformas ¿…?

Te como... a besos!!!
En un momento me senté en el escalón de la puerta de una casa para contemplar mejor el movimiento del mercado y estando cercana al piso, mis ojos se fijaron en los pies de los pobladores.  En ese momento me vino a la memoria una novela de H. Mankell sobre África, donde el protagonista evaluaba el futuro de África en base al estado de los zapatos de su población y me vino a la memoria esto porque esta gente caminaba con unas sandalias completamente destruías, llenas de barro, los pies ajados, con la piel curtida, los talones resquebrajados, las uñas lastimadas, ennegrecidas o incluso sin ellas, los dedos superpuestos, los pies hinchados, embarrados… señal de una dura y larga caminata por la vida.

A mi regreso, caminando por El Cusco, descubrí otra plaza a pocas cuadras de la Plaza de Armas, llamada Plaza San Francisco y ahí entendí una diferencia crucial: la Plaza de Armas con sus balcones restaurados y convertidos en bares y pubs nocturnos, es para turistas.  Pero en esta otra plaza había balcones derruidos, en estado original, techos de tejas vencidos y todo un mercado de comidas que congregaba al pueblo de Cusco.  Ojalá alguien se encargara de restaurar los alrededores de esta plaza.  Así, de pronto me vi entre grandes ollas donde las mujeres con trenzas freían comida, otras cortaban verduras y otras tantas comían alrededor de estas grandes ollas.  No era el espacio del turista, era el espacio original del pueblo.  Pero no podía irme de ahí sin probar unas papas rellenas de carne, ají y zanahoria, fritas, por sólo $1… todo un manjar.-
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DATOS
§  Tour Maras – Moray: dura una mañana.  Pagué 25 soles + 5 soles de la entrada al salar
§  Combi hacia Pisac: son los vehículos locales que utilizan los pobladores de la zona para movilizarse a lo largo del Valle Sagrado.  Parten en forma continua y están ubicadas en la calle Puputi, a una cuadra de Av. Recoleta.  El costo fue de 4 soles.
§  Qorikancha: pagué 5 soles con el descuento para estudiantes.

viernes, 8 de abril de 2011

PERU - CAP 7/15: Viviendo El Cusco – Parte I

Cusco, Perú — viernes, 8 de abril de 2011

 
Luego de un vuelo movido, me encontraba en el aeropuerto de Cuzco (El Cusco, como le dicen acá), junto a la cinta donde cada persona recoge su equipaje.  En ese momento volví a pensar en que tarde o temprano debo regresar a Baires y se me llenaron los ojos de lágrimas… Me vi a mi misma llorando, parada junto a la cinta transportadora, esperando mi mochila.  Soy como un gorrión, siento que muero cuando estoy enjaulada en la oficina tantas horas sin ver la luz del sol y manteniendo todo mi potencial reprimido.
A más de 3000 metros sobre el nivel del mar, El Cusco me recibió con mucho frío, más mi cuerpo estaba mareado en su totalidad, había quedado impregnado de los movimientos del vuelo, así que me compré un helado de vainilla y chocolate y me recosté en un banco de la plaza para poder recuperarme.  Así fue que sin darme cuenta estaba caminando por El Cusco, sin mapa, yendo y viniendo a mi antojo.  Me sorprendió la tranquilidad, la facilidad y la seguridad con que me muevo en esta ciudad, es como si la conociera de toda la vida.  Una noche, en medio de la noche, me sorprendió un ruido de gotera… me levanté pensando que había dejado la ducha mal cerrada pero era el cielo de El Cusco que estaba rociando agua sobre los tejados.



Entre los negocios encontré un lugar que hacen pizza a la leña en un horno de barro (lo tengo entre mis pendientes) por sólo $15 la pizza chica y además hacen unos cucuruchos de hojaldre con una forma como si fueran grandes caracolas marinas, rellenos de dulce de leche pero mi estómago fue más rápido que mi cámara.

Comer en Perú no es caro.  Para que se den una idea, un Gatorade cuesta $2, cuando me lo cobraron por primera vez pensé que se habían equivocado.  Uno puede comprar también hasta 3 frutas por $2.  Yo no tengo dentro de mi presupuesto el salir a comer afuera.  Sólo en una ocasión sentí necesidad de comer carne y me fui a un Burger (toda una osadía de mi parte) y otra noche me llevé de un Mc Donalds al hostel 2 piezas de pollo crocante por $5, pero no son las patitas de pollo artificiales de Baires sino que son dos trozos de pollo real: pata, ala o ½ pechuga, rebozados en pan rallado y fritos.  Tenía tanto frío esa noche que jamás imaginé que iba a devorarme un pollo frito con tantas ganas (no como frituras y salvo la pechuga desgrasada, detesto el pollo y su olor).De los alimentos que me traje de Baires, lo que me resulta más preciado son las sopas Knorr de zapallo y la vitina de zapallo.  Me caliento agua en el termo con el calentador eléctrico y me tomo una sopa con vitina todas las noches, eso me ayuda a mantener el calor.  El primer día hizo tanto frío que tuve que ponerme polainas, un pantalón de frisa y para dormir durante la noche fueron necesarias tres frazadas.  Una de esas noches frías caminaba por las calles buscando un bocado caliente para acompañar mi sopa y un humo con olor a asado me llevó hasta una parrillita callejera donde una señora vendía unos brochets de carne con papa.  Se llama anticucho y es corazón de vaca trozado, olía espectacular pero no me atreví a probarlo.-

PERU - CAP 6/15: Camino a Cusco

Cusco, Perú — viernes, 8 de abril de 2011

Lima me exprimió el dinero, pero no porque sea cara, al contrario, es muy barato vivir allí, pero en mis cálculos previos al viaje no consideré la posibilidad de que para movilizarme dentro de esa ciudad tuviera que usar siempre el servicio de taxis.  No hay subtes y solo vi un servicio de ómnibus modernos en una de las avenidas, el resto del transporte público son buses viejos donde una persona que va colgada de los escalones va gritando el destino que vaya uno a saber dónde queda y por dónde atraviesa.  Siendo extranjera, no da para perderse en una ciudad así.

Larcomar
El servicio de taxis es muy particular porque no hay taxímetro sino que el precio se regatea antes de subir y por lo general el precio justo son 2 ó 3 soles menos de la oferta inicial.  Lo máximo que pagué son 15 soles por servicios dentro de la ciudad.  Algunos se avivan, ven que sos turista y te piden 20 ó 25 pero esos no son los precios que se estilan, así que dejé a un par de vivos en banda y me fui en busca de otros precios.  Un precio así es el que deberían cobrarle a uno si quisiera llegar a conocer las tortugas que sostienen a Lima en su espalda.



Sin embargo, el precio de cada viaje es muuuy bajo.  He hecho viajes que en Baires fácilmente podrían haberme costado $45/50 y de ser así no los hubiese podido pagar.  Incluso pude imaginarme en cada viaje las fichas corriendo del taxímetro y el precio que podría haberme costado de tener el cuenta kilómetros.  El taxi en Cusco incluso es más barato que en Lima, un viaje no pasa de 2.5 soles, pero en Cusco es otro cantar, allá no necesito taxis para movilizarme por la ciudad, todo lo hago a pie porque la ciudad es mucho más pequeña.
Así y todo en Lima el precio de los taxis es tan irrisoriamente bajo que los taxistas no pueden mantener sus vehículos, entonces uno viaja en automóviles viejos, completamente destartalados y atados con alambre, apenas queda la carrocería de chapa y unos asientos duros.
En el mismo estado que los taxis están las computadoras: teclados destruidos, monitores que perdieron su capacidad de dar imágenes color, modelos viejos y conexiones lentas hacen del acceso a internet un suplicio más que un medio de comunicación internacional on-line.

Así y todo, en Perú el precio bajo es la norma y no hay que estar pendiente de ofertas y descuentos.  Es increíble ir al supermercado y ver que la cuenta suma en cantidad de ítems pero no en cantidad de dinero.  En Baires, el descuento es la excepción y uno vive pendiente de las ofertas y de las tarjetas de crédito según los días de la semana.
Creo que no traje tanta ropa, sin embargo la gente del aeropuerto me dice que mi mochila está pesando 19 kilos!!! Vaya uno a saber por qué.  Y a ese peso en mi espalda hay que sumarle la mochila de mano que llevo adelante pero que nadie me pesó.
Acabo de desayunar un café de Mc Donalds con mi banana mochilera diaria.  Sisisi, estuve pelando la banana en el aeropuerto internacional de Lima.  Ahora estoy en la sala de espera del aeropuerto rodeada de mochileros de distintas partes del mundo y gente local.  A mi izquierda una pareja de mochileros extranjeros que deben rondar los 60 años, con botas y pantalón de trekking, con mochila y botella de agua y es como yo también quiero verme a esa edad.  Ser mochilero no es una actividad sino un estilo de vida donde la edad biológica nada tiene que ver con ser joven o viejo, siendo mochilero se puede ser joven incluso a los 60… la juventud y la vejez son sólo una cuestión de actitud.
Otra característica de Perú es su gran diversidad cultural, incluso en su capital, entonces es como que cada uno tiene su propio sistema de normas y valores pero al convivir todos juntos en una misma ciudad, esos sistemas colapsan, se entrechocan, se solapan y esto hace difícil la implementación de políticas públicas.  No existe una única identidad cultural nacional sino una pluralidad de culturas.  Sería como el extremo opuesto al caso de Chile.  Una prueba de esta gran diversidad es que en la Plaza de Armas de Cusco no flamea la bandera del Perú sino la de los Pueblos Originarios.

La diversidad se nota también en la música.  Me he despertado a las 5am por vecinos que escuchaban a esa hora música tecno a todo volumen.  Y así como en muchos lugares se escucha mucha música tecno, en otros reina la cumbia.
Perú es un crisol cultural.-

jueves, 7 de abril de 2011

PERU - CAP 5/15: Retratando a Lima – Parte III

Lima, Perú — jueves, 7 de abril de 2011

Hoy fui al museo que queda más alejado de la zona turística: el Museo del Oro.  Está emplazado en medio de una “eucaliptera”.  La paz del lugar es inmensa, tanto que sólo se escuchaba el sonido de las hojas sacudiéndose al viento.  Al igual que me sucedió en los anteriores museos, como llego apenas abren, los disfruto en solitario.

En realidad en el mismo predio coexisten dos museos: el Museo del Oro y el Museo de Armas.  Entré primero a este último e ingresé sola a una sala que fue la que más me impresionó de todas las que visité por su contenido: es una exposición de cientos de miles de cascos, cañones, monturas, espuelas, armaduras, medallas, dagas, puñales, espadas, rifles, escopetas, pistolas.  Sala tras sala, de piso a techo, todo abarrotado de armamento perteneciente a la época colonial, procedente de Europa y del Mundo Árabe.  Cada mango de puñal, cada culata de pistola, cada espuela, todas ellas decoradas, labradas, con piedras incrustadas, miles y miles de formas diferentes, de puntas diferentes, de tamaños diferentes, y detrás de cada una de ellas seguramente una historia, del artefacto, de su poseedor y de quienes murieron bajo su poder.  ¿A cuántas personas habrá matado cada daga?  ¿Quién la limpiaba, lustraba, cuidaba y guardaba celosamente?  ¿Cuántos cuerpos habrán penetrado cada una de esas puntas?  Pero lo que más me impresionó, lo que me hizo sentir incluso miedo, fue la sala donde habían maniquíes masculinos vistiendo trajes militares de época: granaderos, soldados, generales, sargentos.  Todos ellos vestidos de la cabeza a los pies con botas, pantalones, casacas, sombreros militares, capas, guantes, condecoraciones.   Tuve la sensación de que ellos en cualquier momento iban a salir caminando de sus vitrinas.  Yo estaba completamente sola y me resultó más tenebroso que los castillos de fantasmas del parque de diversiones cuando era chica (el Italpark).  La ropa tenía uso, tenía roturas, tenía manchas, tenía zurcidos y eso no la hacía real, ERA real.  También era real que era el Museo del Oro y yo estaba en una sala rodeada de hierro, bronce y plomo. 

El sector de las piezas de oro propiamente dichas, tanto pre como pos coloniales, me sorprendió por su ubicación: es un complejo de salas de museo instalado en algo similar a una bóveda bancaria, con puerta de caja fuerte, personal de seguridad custodiando entradas y salidas y con acceso subterráneo  Pero a esta altura, las piezas de oro no me sorprendieron porque era tal como yo esperaba que fueran, en cambio, no esperaba encontrar un museo de armas.  Es más, si uno hace un balance entre la cantidad de armamento y la cantidad de piezas de oro, gana por lejos el primero… es obvio entonces que ese fue todo el arsenal que utilizaron para robarse el oro del Perú y fundirlo en Europa.
Dado que la zona en que se encuentra este museo está alejada de los centros turísticos, pedí a un taxista que me llevara a otro museo que está en la zona turística más cercana, si bien no pensaba entrar, sólo lo hice para asegurarme un trayecto entre puntos conocidos, una entrega puerta a puerta.  Así fue que llegué a la puerta del Museo Pedro de Osma en el barrio de Barranco, pero mi curiosidad fue más fuerte… quería saber qué era lo que se escondía dentro de esa casona colonial de paredes blancas como la cal, así que averigüé el costo de la entrada (porque no lo tenía en mis planes) y como me resultaba accesibles, ingresé.  La tarjeta de estudiante universitario internacional ISIC, me permitió obtener descuentos de hasta el 50% en museos y alojamiento, es para tener en cuenta porque su costo de U$S16 se paga solo.  El único museo que no tiene descuentos para estudiantes es el Museo del Oro, pero bien vale la inversión en pos de cuidar tan valioso patrimonio.




La casona escondía dos casonas con arañas, vitrales y oleos.  No investigué mucho más, sólo disfruté de la estadía allí, en sus salones sumamente iluminados, en su jardín y en sus fachadas relucientes que reflejaban hasta enceguecer los rayos del sol.






Cuando salí de ahí me fui a conocer los puntos principales de Barranco: la plaza, la biblioteca, el Puente de los Suspiros y un mirador donde dos muchachos vinieron a tocarme una serenata cantada con guitarra y pandereta.  Barranco es el barrio más bonito de los conocí hasta ahora porque está lleno de casonas coloniales de todos colores, una al lado de la otra.  Es un lugar entre romántico y bohemio y es en el Puente de los Suspiros donde se juran amor eterno los enamorados, el mismo puente donde yo me dejé olvidada la guía con planos que había tomado prestada del hostel.  Para cuando me di cuenta, ya era imposible volver atrás.



La primera vez que recorrí la costa de Lima lo hice de norte a sur, de Magdalena del Mar hasta Larcomar, el shopping que se encuentra en la costa de Miraflores.  Esta vez decidí hacerlo en sentido inverso, de sur a norte, de Barranco hasta Larcomar.  Por suerte, de haber mirado tantas veces el mapa de Lima, pude seguir el camino sin la guía sin problemas.



Si bien el Malecón es paralelo a la costa, en un punto en Barranco se producen un desvío en forma de herradura por falta de puente, hasta un puente que está unos 500 metros alejado de la costa, con lo cual el desvío es poco práctico y agotador.  En realidad así son varias cosas en Lima, por ejemplo, no hay cruce peatonal en todas las esquinas sino que pueden transcurrir hasta cinco cuadras sin cruce peatonal… en fin…


 

Paréntesis: Estoy escribiendo este diario desde el aeropuerto esperando embarcar hacia Cuzco y cuando siento los anuncios de vuelos con partidas hacia Baires, temo que llegue el momento que anuncien mi partida.






 
Retomando: una vez en Larcomar, decidí tomar la Av. Larco que nace perpendicular al shopping.  A lo lejos, en el fondo de la misma, divisé una torre con un reloj y fui hacia él.  En la caminata descubrí otra casa de Lima; el centro comercial moderno lleno de negocios y de gente.  La torre pertenece a la Municipalidad de Miraflores donde gentilmente me dejaron entrar y tomar fotografías (ya me estoy volviendo una experta en esto de pedir conocer el interior de los edificios antiguos).  En el primer piso hay una sala circular con pinturas revistiendo sus paredes, una araña y un enorme florero.

Al lado de este edificio se encuentra la iglesia, creo que es la más bonita de todas las que vi.  No sé qué estilo es pero es color gris (acá todos los edificios coloniales y las iglesias tienen colores llamativos: rojo, naranja, amarillo, celeste).  Esta sin embargo tiene unas cúpulas hermosamente labradas pero el no tener pintura le da un aire de austeridad y la distingue del resto.  Hasta ahí llegó mi día.





REFLEXIONES
 

Payaya
Sigo reflexionando sobre las frutas con semillas.  Si bien los puestos callejeros están abarrotados de frutas y verduras multicolores ¿de qué sirve una fruta si es pura semilla?  Las semillas no pueden calmar el hambre, no creo que puedan nutrir, no creo que den energía.  ¿De qué sirve cosechar un papín amargo que solo puede consumirse si es como parte integrante de una preparación mayor?  A lo que voy es que tal vez el esfuerzo, la inversión, la variedad, no rindan paradójicamente sus frutos con frutos como esos.  Por algo las frutas básicas como la banana y la manzana son básicas.  Ahora me toca probar la lúcuma, es como una palta pero color naranja y sin semillas, solo un carozo como la palta.  Hasta ahora la probé en yogurt y en helado y parece rica… sabor a… sabor a… ¿kiwi?
Es época de elecciones presidenciales y he escuchado decir a uno de los candidatos que el peso estadístico de los distritos con dinero hace que queden solapados los distritos sin dinero, por lo tanto, esto no les permite pedir ayuda internacional para palear la pobreza.  Su propuesta para solucionar esto era armar un distrito independiente del resto de Lima con todos los sectores de bajos recursos y lo que el tipo debatía era cómo elegir el nombre de este distrito, decía proponer tres nombres e ir a votación por el nombre que más le gustara a la gente!!!  No es creo yo por ese lado donde se puede comenzar a buscar una solución, no se puede hacer un debate sobre la forma de elección del nombre ni convocar a la población a elegir un nombre.  Cosas como esta parecen moneda corriente en Lima.
Hace unos días hablaba con un taxista Aymara que me comentaba que si bien la educación en Perú es gratuita, para ingresar a la universidad y para rendir exámenes hay que pagar matrícula (entre $5000 y $1000) y derecho de examen, con lo cual, la gente de bajos recursos queda excluida del acceso a la educación.
Una italiana que se hospedaba en mi mismo hostel llegó de noche en taxi y el mismo taxista le robó el celular.  Como fue durante la noche nosotros nos enteramos al amanecer y cuando la chica quiso hacer la denuncia le dijeron que era en vano porque en Lima hay una ley que, por falta de cárceles, dice que los robos menores a $3000 no son robos y por lo tanto no son condenables.
Otra cosa curiosa que me sucedió en Lima fue ir a una despensa a comprar pan y queso y que me dijeran que primero tenía que pagar la cuenta.   Con esa modalidad se autolimitan las ventas porque justamente una de las mejores formas de vender es tentar al cliente, que el cliente vea y quiera, pero de esta manera, por mucho que uno vea y quiera, ya pagó y puede llevar sólo lo que está en la cuenta.  Incluso, el señor que cobraba, estaba escondido en una garita de cajero, desde donde me indicaba “tengo queso tal, queso tal y queso tal”… pero el queso no estaba ahí, delante de mis ojos sino en el mostrador de ventas.
Otra cosa que también me sucedió fue que mi habitación la limpiara y acomodara un muchacho.  Al principio me chocó que un muchacho se metiera a hacer la cama de una mujer soltera, incluso me intimidó tanto que no colgué mi ropa interior.  Sin embargo, con el correr de los días, me importó poco y nada y comencé a dejar mi ropa lavada a secar en una silla cerca de la ventana.  Pero este muchacho no sólo me cerraba la ventana, sino que un día dejó apoyada una frazada sobre las sillas… y sobre mi ropa húmeda.
Entonces, habiendo visto y vivido todo esto, comenzar por una educación libre y gratuita a la que tenga acceso toda la población y eliminar la ley de protección de ladrones sería mejor que debatir una votación sobre un nombre de un distrito.  Lamentablemente un población mal nutrida y sin acceso a una educación profesional, es presa fácil de cualquier maniobra política.
Me pasa a mí misma, que sólo puedo tomar fotografías en zonas donde hay vigilancia policial, las zonas 100% turísticas, cuando me aparto un poco de ellas, ya no puedo tener la cámara en mano, por lo tanto, mi visión de Lima es totalmente parcial y se reduce a las zonas con mayor lujo, seguridad y cuidado, las calles comunes, las casas comunes, no puedo retratarlas.
Magdalena del Mar durante la noche es la mismísima boca del lobo.  No hay negocios, no hay peatonal, no hay costa.  Por eso mi movimiento en ese distrito fue completamente diurno: de 7 a 19 hs, sólo me sirva para dormir, al amanecer llenaba mi mochila de provisiones y me iba fuera de Magdalena todo el día hasta que la caída del sol me marcaba la hora de volver.
Pero en mi regreso a Lima tengo pensado instalarme en Miraflores, a pocas cuadras del Faro de la Marina… y esa será una nueva historia.-
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DATOS
§  Museo del Oro y Museo de Armas  http://www.museoroperu.com.pe/
§  Museo Pedro de Osma http://www.museopedrodeosma.org/
§  Tarjeta de descuentos para estudiantes y profesores.  Podes consultar los descuentos por país y por ciudad http://www.isic.org/