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sábado, 12 de noviembre de 2011

CHILE - CAP 2/8: ¿Y dónde está el pasajero?

Buenos Aires, Argentina - sábado, 12 de noviembre de 2011

"Si algo puede salir mal, saldrá mal" dice la Ley de Murphy y mi día estuvo al borde del abismo.

Por alguna razón, desde que decidí hacer este viaje, sentí en paralelo las ganas de no hacerlo.  Creo que la razón profunda fue que me obligué a hacerlo.  Para quienes no me conocen personalmente, sólo les cuento que luego de estar dos años junto a un famoso Mochilero, éste partió hacia "otros rumbos".  Por eso fue que me propuse a mi misma hacer este viaje y paradójicamente por ese mismo motivo deseaba no hacerlo: sentía que necesitaba quedarme a defender lo indefendible.  Pero en el fondo sabía que debía ponerme a salvo, debía viajar por una cuestión de salud mental. 

Así fue que me negué a hacer el check list de las cosas que iba guardando en mi mochila.  Por vez primera ignoro lo que traje y lo que olvidé.

Una segunda negación fue cuando llegó el transfer a buscarme a casa para llevarme al aeropuerto y yo estaba literalmente boludeando en internet.  Esto demoró mi salida y en el apuro agarré dos huevos duros, que por no tirarlos los había hervido para comer más tarde a la hora de la cena (que supuestamente iba a agarrarme en pleno aeropuerto) y como no tenía donde guardarlos, los metí en el apuro en un bolsillo de la mochila junto a dos sandwichs de queso fundido.

Pero la tercera negación fue la peor de todas.  Llegué al aeropuerto 3 horas antes del horario de embarque, despaché mi mochila y me fui a un café a disfrutar de un capuchino con una magdalena de limón.  En ese momento de transición, cuando uno estando en el aeropuerto comienza abandonar el yugo de la rutina y comienza a conectarse con el relax de las vacaciones, fue que descubrí que junto con la mochila había despachado también los dos huevos.

Me senté al aire libre, al sol, mientras preparaba un escrito de un trabajo de investigación.  Leí, escribí, redacté, cité, hablé por teléfono, hasta que para cuando me dí cuenta, la luz del sol había sido reemplazada por luz artificial.  Mi vuelo estaba a 45 minutos de despegar!!!

Metí las cosas de un saque en la mochila de mano, atravesé medio aeropuerto corriendo y sumamente desesperada me metí de prepo en la tranquila conversación que mantenían un encargado de seguridad (que no lograba descifrar mis signos de desesperación) y un pasajero.

-Mi vuelo está por salir, decime para dónde tengo que ir
-Déjeme ver...

Tomó mi ticket, lo miró con suma tranquilidad y me dijo
-Su vuelo ya está cerrado.
-Pero sale a las 21hs, no puede estar cerrado!!!
Giró la muñeca, miró su reloj y me respondió
-Pero mire qué hora es señorita, son las 20:15

Yo no lograba entender la lógica entre mi vuelo y su reloj... ¿Ya estaba carreteando?  ¿Ya habían cerrado la cápsula a la Luna?  Un estado total de desesperación y nerviosismo se apoderó de todo mi cuerpo.  Realmente debo reconocer que ignoré totalmente a la persona a la que estaban atendiendo cuando yo me planté con este problema pero era algo que en ese momento no me importaba, ser cortés significaba quedarme en tierra. Me encontraba en una posición de ruego y de súplica total donde ya nada me importaba, donde no tenía escrúpulo alguno.  No tenía en mente ninguna excusa creíble pero tenía en la manga el resultado de una realidad cercana: recordé la gastritis que me tuvo 5 días en cama gracias a la noticia de mi ex y le dije sin pudor alguno:
-es que estuve en el baño

Sentí que finalmente él se apiadaba de mi y de mi situación: estar perdiendo un avión por haber estado con descompostura de estómago era mucho más perdonable que la verdad.  Pero no podía estar perdiendo el avión de esa manera tan ridícula.  Le pedí una y otra vez por favor que me ayudara, que me indicara hacia dónde tenía que ir y me respondió que ya no había tiempo pero finalmente se puso de mi lado y me indicó que corriera escalera arriba.  Y corrí.  Subí la escalera mecánica en forma maratónica, pidiendo permiso cual ambulancia a las personas inmóviles e inmutables que se me cruzaban en el camino.

Llegué al primer piso.  A mi derecha, dos filas, me coloqué de una en la más corta.  Con media hora por delante, tenía tiempo suficiente para hacer todos los trámites.  La fila avanzó rápidamente.  La chica del mostrador me derivó al siguiente paso pero me indicó que si tenía algo por declarar, debía colocarme en otra segunda cola que salía del hall y daba la vuelta a un kiosquito.  Si no tenía nada para declarar, entonces debía ubicarme en una primera cola que aparentaba ser tan cortita que desde donde yo estaba, ni siquiera se veía.  No lo dudé, instintiva e instantáneamente respondí que no.  Pero... ¿realmente no tenía nada para declarar?  Y en ese momento, mientras corría de una cola a la otra, me invadió una pregunta casi retórica: ¿qué es lo que se declara?  Imaginé artefactos eléctricos y en un inventario mental sólo apareció mi máquina de fotos... recordé que para mi era una máquina nueva y entonces mientras seguía corriendo por el hall en dirección opuesta a la cola donde se declaraban los objetos, recordé que la máquina la había comprado para el viaje a Machu Picchu y eso fue... eso fue... exactamente en el 2009.  Para mí era nueva pero para el mercado ya era un modelo obsoleto así que finalmente concluí que no había nada para declarar.  Igualmente eso no importaba ahora, el avión estaba a punto de partir sin mi, lo cual era mucho más importante que lo que llevaba o no llevaba en la mochila.

Llego al segundo hall... la cola para pasar el equipaje de manos por la máquina de rayos X era mayor que la anterior pero avanzaba más rápido, así que aproveché esos instantes de espera para pseudodesvestirme mientras esperaba mi turno: el reloj, la cámara, la riñonera. 

Pasé por este control casi transparente y corrí hacia mi nueva posta, el tercer hall: migraciones.  La fila era inmensa y no avanzaba!!!  Yo estaba nerviosa y apurada y sentía que la gente se movía aletargada, tal vez era un efecto en cámara lenta, tal vez estaba en medio de una manifestación budista.  Ese era el fin de mi viaje.  Me quedaban tan sólo 15 minutos y ya estaba resignada a perder mi vuelo. 

De pronto escucho el llamado de una azafata preguntando si quedaban pasajeros de ese vuelo en la fila. 
-Siiiiiiiii!!!!!!!!!!!  Yooooooooooo!!! - grité agitando los brazos como si estuviera haciendo señales de S.O.S. a un avión en una isla en medio del océano.  Acto seguido le pregunté si me ayudaba y nuevamente recibí la respuesta negativa:

-Yo no puedo ayudarte, tenés que pedirle a los pasajeros que te dejen pasar.

Ahí mismo me armé de valor y sin vergüenza alguna, pasé por debajo de las cintas de los balustros y antes de colarme empecé a pedirle a toda la gente en forma desesperada que me dejaran pasar, que se me iba el avión, pero la gente no se inmutaba, no me veían ni me escuchaban a pesar de que estaba a los gritos en medio del pasillo agitando profusamente mis manos, hasta que un flaco que estaba en segundo lugar, me dijo:

-Dale, pasá, yo te dejo.
-¿Si?  ¿Me dejás?  Gracias!!!

Inmediatamente cambió el número de la ventanilla libre y corrí en esa dirección.  Por primera vez en mi vida me colé de una forma olímpica y evidente, sin que me importara absolutamente nada más que despegar.  Aquí hago un paréntesis para reivindicarme y pedirles disculpas a todas aquellas personas que en ese momento hacían la cola con sus tiempos perfectamente calculados.

Listo!  Ahora sólo quedaba llegar a la puerta de embarque pero ¿Cuál era la puerta de embarque?  Atravesé el Free Shop sin saber si estaba corriendo por los pasillos o entre las góndolas, sólo me ví en un laberinto de chocolates y perfumes, y por sobre mi cabeza, un sin fin de carteles que combinaban flechas y números de puertas como en un lenguaje extraño y simbólico que mi cabeza no lograba descifrar. 

Busqué un stand de informaciones pero encontré uno de venta de cueros.  Miré hacia ambos lados pero no lograba diferenciar lo que veía, era todo una mezcla heteróclita de carteles y colores.  Recordé los televisores donde van informando el estado de los vuelos y me acerqué corriendo al más próximo, pero nuevamente el sistema estaba un ritmo más lento que mi desesperación.  La actualización de datos en la pantalla parecía tardar un siglo.  Busqué la palabra "LAN", busqué "21hs", busqué la palabra "Chile", pero encontré TAM, Iberia, 21:05, 21:15, Londres, San Pablo, Lima!!!  La reputísima madre que lo parió!!! ¿Tenía que ver a Lima desafiando mis recuerdos desde la pantalla como si fuera un nombre tan inocente???  ¿Tenía que ver a Lima justo en ese momento y perder un milisegundo pensando en el mochilero que destruyó mi corazón???  Y de pronto, una propaganda!!! Sí, aunque no lo puedan creer, una propaganda en medio del estatus de vuelos. 

Corrí hacia otro televisor, estaba a minutos de perder el vuelo.  Finalmente lo veo: "puerta 6".  Estoy sobre la puerta 2, corro hacia mi derecha, llego a la puerta 5 y más allá, el abismo.  Vuelvo al laberinto del Free Shop, veo un nuevo desvío a mi izquierda y me meto.  Realmente no hice cálculo lógico alguno -al menos en forma consciente-, porque era tanta la desesperación que no lograba procesar lo que estaba viviendo. 

Finalmente "Puerta 6".  Nadie en la sala, sólo el chico que controlaba las tarjetas de embarque y yo.  Nadie en el pasillo que llevaba hacia el avión.  Cuando por fin puse un pie en el avión estuve más tranquila pero llegué agitada y desalineada. 
-No saben lo que corrí - le dije a la tripulación que me recibía en la puerta de entrada, pero por suerte ellos no estaban en mi misma sintonía y me recibieron con una sonrisa.

Si bien la mayoría de los pasajeros estaban ya en sus asientos, muchos estaban acomodando cosas, cambiando, sacando, poniendo, pasando de un lado al otro, así que mi llegada tarde se diluyó en el movimiento de la dinámica propia de un avión que está a cinco minutos de despegar.-

Post scríptum: el comentario de una amiga al leer este capítulo fue "se puede perder un hombre pero no se puede perder un avión".




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miércoles, 28 de enero de 2009

BOLIVIA - EN BUSCA DEL MACHU - CAP 4/4: Huyendo de Uyuni

Salar de Uyuni, Bolivia — miércoles, 28 de enero de 2009


En Uyuni, se nos hizo carne la ley de Murphy "si algo puede salir mal, saldrá mal".

Teníamos planeado hacer un trekking de dos días (jueves y viernes) por el Salar de Uyuni, pernoctando en la ladera del volcán Tunupa y recorrer las lagunas del sur que quedan sobre la frontera con Chile, lagunas que en las fotos de revistas de viajes aparecen como paraísos con aguas de colores rodeadas de flamencos rosados: Laguna Verde y Laguna Colorada.  Pero nada de eso sucedió.
 

En Bolivia hay dos trenes principales: el Wara-Wara y el Expreso del Sur, ambos con frecuencias diferentes pero encriptadas para cualquier turista que quisiera conocerlas.  Ni a la ida ni a la vuelta nos fue posible tomar ninguno de los dos trenes.

Era miércoles 28 de enero.  El viernes por la noche necesitábamos tomar el tren hacia Villazón, para luego cruzar a pie hacia Argentina donde teníamos la salida de nuestro bus ya programada.  Era miércoles y necesitábamos comprar el pasaje del tren para el viernes pero nos indicaron que el pasaje de tren se compra sólo con un día de anticipación, o sea, el jueves... pero el jueves nosotras íbamos a estar en el trekking en medio del Salar ¿cómo íbamos a poder comprar ese pasaje no estando en la ciudad?  Nadie quiso entenderlo.  Sólo nos ofrecían una solución: vendernos un paquete de trekking de más días y más caro, el cual traía los boletos de tren incluidos.  Lo que yo sentí es que trataban de hacer dinero con unas mochileras... tratan de vendernos un paquete que no estaba a nuestro alcance ni de nuestros bolsillos ni de nuestras necesidades.


Nuestro plan cambió de inmediato.  Nuestro humor también.  Decidimos contratar una 4x4 que nos llevara a hacer un recorrido express por el Salar el día jueves, ida y vuelta en el mismo día, lo que nos iba a dar la oportunidad de tomarnos la mañana de ese mismo jueves para ir a comprar le pasaje de tren que necesitábamos para el viernes.  Las lagunas, sus flamencos y la noche en el volcán quedaron en el olvido.

  
La oficina ferroviaria abría a las 8am.  Sabíamos que había que hacer cola en la puerta para que nos entregaran un número para luego atendernos y decirnos que justo se habían quedado sin pasaje... al parecer este problema era un clásico... así que madrugamos, desayunamos a medias y salimos semidormidas y muertas de frío hacia la estación ferroviaria a encabezar la fila que se formaba a la sombra del edificio... cuando se hicieron las 8am, abrieron las puertas, éramos nosotras y un par de personas más... nos dieron el bendito número, nos hicieron sentar en una sala de espera y cuando finalmente llegó nuestro turno, nos dijeron que efectivamente no había pasajes para nosotras... el tiempo se acababa... a las nueve salía la 4x4 hacia el Salar... no había más tiempo para pelear ni para discutir ni para hacer una denuncia... así que sencillamente nos dimos por vencidas y nos fuimos a hacer la excursión que obviamente, por muy bonito que era el paisaje, ya tenía un trasfondo con sabor amargo.
 
La Isla del Pescado
De regreso a la ciudad, teníamos pendiente todavía conseguir el pasaje hacia Villazón... y además teníamos bronca, mucha bronca, porque éramos mochileras, ni siquiera mochileras europeas, éramos mochileras del país vecino, y sin embargo intentaban retenernos en esa ciudad para generarnos gastos que no teníamos en nuestros planes.  La sensación fue que todos estaban en un complot silencioso para mantenernos prisioneros y para hacernos gastar un dinero que no solo no teníamos sino que íbamos a tener que gastarlo sin sentido, sin desearlo.  En la ciudad de Uyuni ya no había nada para hacer, su único atractivo ya lo habíamos conocido, sin embargo, nos hacían quedar ahí por obligación, gastando en hospedaje y en comestibles solo porque si, porque a ellos se les ocurría.

Así como llegamos del Salar, armamos nuestros bolsos y los llevamos a la calle principal de la cual partían los micros.  Ahí descubrimos que los micros que salían hacia la frontera con Argentina "estaban por salir mañana", "estaban por salir dentro de un rato", "tal vez salían", "tal vez no" y definitivamente "ya no salían más".  Éramos unos 15 o 20 argentinos en la misma situación, con las mochilas apiladas en el mismo sector de la calle, acampando en la vereda, haciendo las mismas preguntas y obteniendo distintas respuestas furtivas.  Ahí estábamos todos, queriendo abandonar una ciudad que estaba empecinada en tenernos prisioneros. 


Intentamos todas las formas posibles de viajar, incluso retroceder hacia Potosí, intentamos rentar un micro entre todos pero cuando ya casi lo teníamos su dueño desistió, de pronto todas las compañías de micros habían retrasado sus salidas para el fin de semana... ya al borde de la rebelión, ya gritando y contestando de mala manera, nos ofrecieron otra opción: subirnos como polizontes al tren en marcha que pasaba a las 2 de la mañana!!!!!!!!!!!!!!!!!


Teníamos la determinación de no gastar un centavo más en esa ciudad y estábamos decididas a salir de ahí esa misma noche, de cualquier forma pero no a cualquier precio, así que llamamos al conductor que ese mismo día nos había llevado hasta el Salar: él y un familiar iban a trasladarnos en sus vehículos durante la noche.  El precio de semejante servicio resultó excesivo para varios de los viajeros, los cuales debieron desistir y entregarse a los caprichos de Uyuni.  Finalmente, nosotras tres junto a otras tres personas, pudimos alquilar el vehículo que nos sacaría de esa prisión.


Eran las 22hs cuando el conductor, fresquito y recién bañado, estaba listo para partir.  Al principio fue una aventura emocionante pero poco a poco el camino de cornisa y de ripio que se abría paso en la oscuridad de la noche frente a las únicas luces de nuestra camioneta nos hizo temer por nuestra seguridad.  ¿Donde estábamos?  No lo sabíamos.  La oscuridad era total.  No había ruta, solo un camino trazado en la montaña y el precipicio escoltándonos. 


Necesitábamos impedir que el conductor se durmiera, un volantazo mal dado y nos perderíamos en un abismo en el medio de la nada... ¿Cómo salir de ahí si algo nos sucedía? No había ningún otro vehículo.  Solo nosotros, la noche y la montaña.


Nos íbamos turnando el puesto de copiloto para ayudar al conductor con dos ojos extras, para advertirlo y para mantenerlo despierto.  Nos habíamos prometido impedirnos quedarnos dormidos.  No había señal de radio así que conectamos nuestros celulares a los parlantes de la camioneta y seleccionamos la música más movida para ir cantando y bailoteando en los asientos y las ventanillas bajas para que el frío de la noche nos congelara la cara con la expresión de los ojos bien abiertos.

 
Internamente tenía miedo, intentaba razonar, intentaba recordar algún consejo, intentaba formularme cuál sería la opinión de mis seres queridos de encontrarse en esa situación ¿qué habrían hecho?  ¿había sido correcta mi decisión?... y temía que sucediera lo que finalmente sucedió... una rueda pinchada en medio de la noche, en medio de la nada.  Descendimos del vehículo y nos amuchamos delante de las luces.  El trámite fue rápido, pero... ya no teníamos rueda de auxilio... había que pasar si o si por la gomería antes de seguir!!! Eran las 12 de la noche... y teníamos que desviarnos para entrar a un pueblo donde se suponía que había un señor que reparaba cubiertas de vehículos... pero para cuando llegamos, una hora más tarde, estaba dormido... El pueblo eran un par de casitas modestas entre calles de ripio iluminadas con uno o dos faroles en medio de la nada... golpeamos la puerta de un galpón improvisado con planchas de chapas acanaladas...  gritamos... aplaudimos... apedreamos una chapa y finalmente despertó. 

Con rueda de auxilio reparada y retrasados más de lo debido, el conductor tomó un camino alternativo a fin de sortear las subidas, bajadas y las curvas que ralentizaban nuestro camino y decidió por su propia cuenta y sin consultarnos, tomar una ruta recta.  Yo iba en ese momento de copiloto, prestando suma atención a una geografía en la que no se distinguía forma alguna... hasta que de pronto vi unas formas en el suelo que me parecieron familiares... unas formas meandriformes... e hice la pregunta que no quería mencionar "¿estamos yendo por el lecho de un río?" y la respuesta fue "sí".  Lo más terrible de todo era que no había forma de distinguir dónde terminaba el cielo nocturno, dónde comenzaba la montaña, dónde estaba el trazado del camino de tierra, dónde comenzaba el río, era todo una sola cosa que se tornaba entre rugosa y oscura pero que no tenía bordes definidos.  Si llegábamos a tener un accidente no había referencia alguna, ni marca, ni luz, ni camino.



De esa manera fue que llegamos a las 4am a intersectar unos micros que venían de Potosí y que hacían escala en un pueblo pequeño... nos detuvimos en un estacionamiento improvisado nuevamente en el medio de la nada donde los micros ya estaban a punto de partir, elegimos uno al azar, pedimos que nos abrieran la baulera del micro e hicimos directamente el traspaso de nuestras mochilas desde el techo de la 4x4 arrojándolas al interior del micro.

Habiendo podido recién pegar un ojo, ya en medio de la ruta, los gendarmes nos detienen, nos hacen bajar y formar dos filas, una de mujeres y otra de hombres, suben al micro, lo revisan, abren las bauleras, sacan todo el equipaje, lo apilan en el piso y nos lo hacen abrir frente a sus ojos...


¿Furia o aventura?... La conclusión de nuestra estadía en Uyuni, queda a gusto del consumidor.-

martes, 27 de enero de 2009

PERU - EN BUSCA DEL MACHU - CAP 3/4: Camino del Inca hacia Machu Picchu

Machu Picchu, Perú — martes, 27 de enero de 2009 

Estamos en Bolivia otra vez.  Acampando en la terminal de micros otra vez, esperando el micro que nos lleva hacia el Salar de Uyuni.  Obviamente no muy contentas.  En Perú las rutas están absolutamente marcadas y no tienen ni un solo bache, son nuevas, bien señalizadas y con buena banquina.  Los transportes son de primera, los micros espectaculares, uno de ellos tenía cortinas amarillas y una cortina roja indicando la ventana de emergencia.  Los trenes son los segundos en calidad a nivel mundial.  Acá en Bolivia, se hace camino al andar... y los micros apenas si tienen carcaza... tren nunca pudimos tomar porque nunca hay pasajes...
 

Inicio del trekking
El Camino del Inca fue lo máximo en todos los sentidos: en emociones, en aventura, en desafíos.  Nos pasaron a buscar el jueves por la mañana y nos trasladaron en una combi hasta el kilómetro 82, antes de llegar a Machu Picchu al cual debíamos llegar 4 días más tarde, caminando por la montaña.  Éramos un grupo de 11 turistas argentinos + 10 porteadores + 1 cocinero + 1 guía.




Primer campamento
Ese primer día, el trayecto fue relativamente fácil, caminamos pocas horas, unas 5 o 6hs, unos 8km, y acampamos en un lugar bastante lindo pero desagradable en cuanto al tamaño de las arañas que merodean la zona... más grandes que una mano...

 
El segundo día fue un desafío un poco mayor.  Nos despertaron y en la misma carpa nos sirvieron tè de coca.  El desayuno fue muy abundante e incluía panqueques con dulce de leche y avena caliente.  Necesitábamos energía porque la mayor parte del camino era en subida, 1000 metros de subida hasta alcanzar el punto máximo, un paso a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, en una fila interminable de mochilas coloridas que se desplazaban lentamente sobre las montañas, por caminos inclinados hacia arriba, adornándolas como guirnaldas.  El punto máximo lo alcanzamos con mucho frío y neblina, comiendo mucho chocolate, pero llegamos después de caminar unos 10 km.   Esa noche acampamos, sin saberlo, sobre un antiguo cementerio inca con los baños a lo lejos en medio de un barrial.

Porteadores
Los porteadores hacían el mismo camino que nosotros solo que llevaban en sus espaldas las carpas, los alimentos, la garrafa, todo aquello que nosotros íbamos a necesitar en cada campamento.  Llevaban en sus espaldas unos paquetes enormes y corrían por el mismo camino que a nosotros nos costaba caminar, para llegar antes que nosotros y armarnos todo el campamento así poder esperarnos con todo listo a nuestra llegada.  Como los caminos eran angostos y de cornisa, cuando ellos pasaban todos gritaban "porteador" y nos íbamos corriendo para dejarlos pasar.  Todos tenían una dedicación increíble: el cocinero estaba en todos los detalles, nos preparaba platos recargados de calorías y de picantes, el que nos servía la mesa nos esperaba con las bebidas calientes en la entrada de la carpa comunal, los que nos despertaban en las carpas individuales venían con los vasitos y el termo con té de coca, todo estaba listo antes de que en nosotros surgiera la necesidad.




El camino del inca, en gral, es empedrado, pero no parejo, con lo cual los tobillos están todo el tiempo haciendo equilibrio, sobre todo, cuando luego de la lluvia, las piedras se vuelven además resbaladizas.  Sumado a esto, una interminable cantidad de escalones de piedra... algunos muy angostos para que entre el pie, otros muy altos como para que la rodilla no se resienta, algunas escaleras muy empinadas y sin barandas como para desafiar la propia gravedad y el precipicio acompañando siempre a un costado.  Mucha exigencia física y emocional.  A pesar de que llevamos un bastón de ayuda, terminamos con las rodillas doloridas y los pies ampollados.  El clima es cambiante, por momentos sol, por momentos lluvia -pero por suerte, lluvia suave-.  Llegamos a un punto de tener toda la ropa mojada y embarrada, a tener la carpa con goteras, a no saber qué ponernos, a tener que usar ropa húmeda sobre ropa húmeda y a cuidar la ropa "de cama" como oro por ser las únicas prendas secas.  Atravesamos también varios puentes de troncos y varios túneles cavados en la roca.

"Y para todo lo demás, existe Mastercard"
El tercer día se hizo interminable.  Eran 16km, unas 9 hs caminando.  Durante el trayecto visitamos algunos complejos arqueológicos.  El camino ingresa en zona boscosa y el paisaje cambia radicalmente.  Más húmedo, más verde. El camino este día se hace más largo para poder estar más cerca de Machu Picchu el cuarto día.  Ahí acampamos en un lugar que para llegar al baño teníamos que atravesar otro camino de cornisa.


 

El cuarto día nos despertaron a las 3:40 am, desayunamos y salimos a caminar en medio de la noche, con la Vía Láctea sobre nuestras cabezas, iluminando el camino con algunas pocas linternas (porque muchas de ellas sufrieron desperfectos varios).  Así llegamos al Inti Punku, la Puerta del Sol, en lo alto de una montaña, un portal de piedra que enmarca a Machu Picchu a lo lejos, desde arriba... esa fue nuestra primer visión de la ciudadela.  Continuamos caminado hasta ingresar a Machu Picchu por la parte alta.  Es espectacular pero no por el complejo arqueológico en sí (ya que es muy sencillo) sino por donde esta ubicado... está en la cima de una montaña, en medio de muchas otras cimas, en un abismo, y su planta no es horizontal sino que está levemente inclinada, con lo cual, a medida que uno desciende en la ciudadela, tiene la sensación de caer de la montaña... es como bajar las gradas de la tribuna de una cancha de fútbol... algo similar...





Machu Picchu desde el Inti Punku
 La experiencia gral fue muy agradable, pero no es para cualquiera.  Es una aventura espectacular pero hay que aguantar muchas cosas... los baños, la oscuridad, la lluvia, el barro, la altura, EL VERTIGO.  Pero también nos divertimos mucho, con el grupo (que eran 4 parejas) y entre nosotras, en la carpa, con una sola linterna, rodeadas de bolsas con ropa sucia y mojada, nos hemos reído muchísimo, hasta llorar de la risa -por la desgracia-, al punto de que a los demás les llamaba la atención.

Machu Picchu

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martes, 20 de enero de 2009

PERU - EN BUSCA DEL MACHU - CAP 2/4: De Puno a Cusco

Cusco, Perú — martes, 20 de enero de 2009 

Llegamos a La Paz a las 4am y a las 7am partía el micro destino a Puno (Perú) así que decidimos no ir al hostel y acampar nuevamente en la estación, esta vez, de micros.  La estación es grande, sencilla y con techo de chapa y algunos patios al descubierto, con lo cual, hacía muchísimo frío y todas las ventanillas y puestos estaban obviamente cerrados.  La estación estaba literalmente vacía y cerrada, pero pedimos a un cuidador que nos dejara pasar las horas ahí.  De todas formas había un par de bolivianos acurrucados, con bultos coloridos y tapados con mantas, en la misma que nosotras... esperando la hora de apertura de las oficinas de venta de pasajes.  Nos metimos en el baño para asearnos y ponernos ropa abrigada pero era tanto el frío que terminamos nosotras también acurrucadas y tapadas con las mantas de viaje.  

Luego de 5hs de viaje, cruzamos la frontera, ahora de Bolivia a Perú, nuevamente a pie, al borde del Lago Titicaca. El lago es bellísimo y enorme.  Hay muchísimas pequeñas plantaciones sobre su margen pero es tan grande y tranquilo que se pierde en el horizonte.  Queda más que claro el porque lo eligieron como centro ceremonial todas las culturas andinas.  A su alrededor, pequeñas colinas, en su mayoría con cultivos en terraza.  El paisaje es hermoso. 
 
Llegamos a Puno y estábamos sin dormir desde ¿Buenos Aires? pero justo dimos con un taxista que nos ofreció llevarnos de excursión a las ruinas de Sillustani, no podíamos decir que no... así que... descargamos las mochilas, comimos paté y atún (nuestros compañeros de todas las comidas) y seguimos viaje... hacia Sillustani y terminamos más tarde comprando baratijas en el Mercado de Contrabando.





Hoy hicimos el trayecto Puno-Cusco en un pequeño micro turístico de excelencia que tiene cinco excursiones incluídas en su camino: Pukará, La Raya, Sicuani, Raqchi y Andahuaylillas.  Ahora estamos en Cusco en un hotel colonial.  Es espectacular.  Mañana descanso.  El jueves comenzamos el ascenso a pie a la montaña para terminar el domingo ingresando a Machu Picchu.
 
No hay palabras para describir los paisajes... casas pequeñas, de barro, rodeadas de pequeñas plantaciones sin cercas y de distintos colores.  Si tengo que encontrar una palabra sería un patchwor de colores fuertes, llamativos, de verdes, de flores violetas y amarillas, de trigo y de alfalfa.  La tierra se muestra fértil y húmeda. Hay cerdos, vacas y camélidos de todo tipo y color.  Las comidas las presentan como paletas colores, armadas con mucha dedicación, con mucha abundancia: granos, tubérculos, carnes, salsas, locro, carbonada, panes y quesos caseros...  Exhiben los productos de la tierra y están en todos los detalles. Las ropas también son multicolores y alegres, las lanas le dan alegría al paisaje enmarcado por la Cordillera de los Andes, con algunos picos nevados.
 

 
Sencillamente, Perú es para enamorarse.-


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sábado, 17 de enero de 2009

BOLIVIA - EN BUSCA DEL MACHU - CAP 1/4: Lamento Boliviano

Un viaje que había sido postergado dos veces en mi vida: en el 2005 me quedé sin trabajo, en el 2007 me rompí una rodilla. Dicen que la tercera es la vencida... y lo fue!!! 

Villazón, Bolivia — sábado, 17 de enero de 2009

El viaje desde Buenos Aires fue largo e incómodo pero tranquilo en cuanto a la velocidad.  Los choferes ponían cumbia a todo volumen todo el tiempo y eso era lo más insoportable.  Los asientos eran muy chicos y viajamos todos apiñados y retorcidos como muertos dentro de una urna de barro.


Hoy llegamos a Villazón, la ciudad fronteriza del lado de Bolivia que linda con La Quiaca.  Una gran feria de baratijas con gente por todas partes y de todas partes.  Pasamos los controles de migración de los dos países a pie, dado qeu el micro debía cruzar la frontera vacío, pero nos equivocamos con las órdenes (dentro del desorden) y volvimos a entrar a Argentina (saliendo de Bolivia), con lo que volvimos a entrar a Bolivia por segunda vez en una misma hora. De un lado de la calle "se entra", pero si cruzás, "se sale"...

-¿Ustedes para donde van?
- A Bolivia pero el micro está del lado argentino
- Tienen que pasar por migraciones
-¿De qué lado??????????


Resuelto el tema de "pérdidas en la frontera", llegamos a la estación de tren pero sin suerte: no había pasajes hasta el lunes o miércoles!!!  Así que salimos a buscar un micro.  La terminal es un sucucho lleno de gente que ofrece pasajes a los gritos, lleno de carteles y de colores.  Finalmente conseguimos micro a La Paz pero el viaje era por camino de ripio, de cornisa, de noche y en un micro sin baño (y eso que reservamos el mejor) pero como la estación de micros era un hormiguero de gente en un monoambiente + puesteros + mochileros por el piso, y considerando que era el cumpleaños de una de nosotras, decidimos hacer rancho en la estación de tren que era mucho más tranquila (y tenía un baño público respetable).  


La Paz
Turnándonos entre las tres para cuidar las mochilas, logramos hacer pequeñas siestas, caminar un poco para estirar las piernas y salir afuera a tomar un poco de aire ya que el techo de la estación, siendo de chapa acanalada de policarbonato, concentraba todo el calor calcinante del sol y hacía ebullir el aire.  La falta de oxígeno, el calor y la baja presión, hacían las veces de somnífero.  El mediodía nos sentamos en medio de la acera, debajo de la tímida sombra del único protoarbolito que había en la cuadra y almorzamos unas latas de atún como para recuperar un poco de sal.  

Así pasamos la tarde en la estación hasta que se largó una lluvia torrencial con granizo.  Ya nos habían advertido que el camino era peligroso, así que en una sabia decisión, compramos otro pasaje de micro, para viajar al otro día, a plena luz del día.  Pero el trámite no fue nada fácil porque salir nuevamente de la estación de trenes hacia la estación de micros implicaba no sólo cruzar de norte a sur toda la ciudad, no sólo exponerse a la tormenta sino que además, la cantidad de agua que estaba cayendo en ese momento era mucho mayor a la capacidad de desagote de la ciudad, por lo que de pronto empezaron a desbordar los pozos ciego y uno caminaba con los pies literalmente entre soretes.

Por suerte conseguimos una habitación con tres camitas justo frente a la estación de tren, sólo quedaba cruzar la calle para poder bañarnos y dormir en forma horizontal, sin embargo era el paso más difícil: había que cruzar el alud urbano de soretes y de lodo.


Villazón, Bolivia — lunes, 19 de enero de 2009
1:34 hora Argentina
23:34 hora Boliviana
Escribiendo desde un micro rumbo a La Paz.
 
Ayer dos tucumanos, dos flacos tucumanos, nos habían advertido del peligro del camino que íbamos a tomar y nos aconsejaron que no hiciéramos el trayecto Villazón-La Paz en micro porque era peligroso y no había baños.  Nuestra idea era tomar el tren, pero después de acampar todo el día en la estación de tren de Villazón, no conseguimos ningún pasaje.  Siendo una ciudad fronteriza, en la estación ferroviaria no aceptan pesos argentinos, no aceptan reales, no aceptan dólares, no aceptan tarjeta de crédito, sólo moneda nacional.  No tuvimos otra opción que reservar un micro para las 6 de la tarde... el trayecto era en su mayoría nocturno y llegaba a La Paz al otro día por la mañana.  De pronto lluvia torrencial y granizo.  La idea fue refutada luego de un breve razonamiento: ripio+cornisa+lluvia+noche... la combinación era suicida, así que cambiamos el pasaje para el día siguiente, saliendo por la mañana y por ende, haciendo la mayor parte del trayecto a la luz del día.
 
Elegimos la mejor compañía de micro, pero así y todo, es precaria, no tiene baño sino que hay que bajar a "desaguar" en las paradas.  Me acordé de los tucumanos todo el viaje.  Efectivamente era un camino de cornisa, sinuoso, de altura, de ripio, sin señalización y con algo extra que a partir de cierto momento empezó a ir suelto debajo del micro... un rulemán? el eje? el caño de escape?????
 
Sinceramente escribo porque no puedo pegar un ojo.  Salimos de Villazón el domingo a las 10 de la mañana pero se hizo de noche y acá estamos, viajando con el traste en la mano... Por suerte la mayor parte del camino fue a la luz del día.  Pero ahora no hay luna.  Hasta hace un rato tampoco había luz de lectura.  La oscuridad era total.  Por suerte no veo el camino pero lo siento y lo recuerdo de los tramos con luz.  Los vidrios están mojados. 
 
No hay nada ni nadie ni nada para ver, ni nada para hacer, nada de nada, solo oscuridad, el ripio y la lluvia que pega en el techo, las curvas, las subidas, las bajadas, las luces del micro... Encima el sol cayo temprano... estamos así desde las 8 de la noche... llegamos a un punto de hartazgo tan crítico que nos dimos cuenta que trajimos 20 millones de boludeces pero ni medio Rivotril!!!!!  está como para tomarse uno entero... o medio frasco.
 
Con este viaje de hoy atravesamos Bolivia de sur a norte por una ruta nacional.  La pobreza es extrema y total.  El paisaje es árido.  Las construcciones son de adobe con más y más adobe pero sin pintura... con lo cual el paisaje es color tierra y se mezcla con la tierra y una vegetación arbustiva y desteñida.  No hay plantaciones.  No hay cercas ni alambrados porque tampoco hay animales para contener.  Junto a cada casa hay una especie de corral con paredes de adobe pero están todos vacíos. 
 
El camino del micro se aleja hacia el este de nuestra ruta marcada (la original del tren) y nos hizo pasar obligatoriamente por Potosí.  Yo tenía muchas ganas de conocer Potosí pero las ganas se me fueron enseguida.
 
El camino es sanitariamente riesgoso porque no hay cloacas y la ruta, 95% ripio, 5% asfalto (en varios tramos hay máquinas trabajando en una millonaria pavimentación) es sumamente peligrosa, no tiene luz ni señalización alguna, salvo unas pequeñas piedras blancas con algo escrito en rojo. 
 
En una de las paradas -hace unos instantes- dimos con un bar cuyos inodoros masculinos estaban empotrados en la pared de un patio al aire libre... bajo la lluvia... a la vista de todos!!! no podíamos parar de reírnos... en medio de la noche, bajo la lluvia, tomándonos una foto al lado de los inodoros!!!!
 
Sigue lloviendo, ahora más fuerte.  Recién nos advirtieron que en La Paz nos puede faltar oxígeno.  Voy a preparar suero casero.  Estas son las horas más largas de mi vida.-


Las afueras de La Paz

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viernes, 12 de octubre de 2007

ARGENTINA - NOA EXPRESS - CAP 2/2: Una tarde de colores

San Salvador de Jujuy, Argentina - viernes, 12 de octubre de 2007

Hoy preparamos un almuerzo rápido de milanesas de soja con ensalada, agua para el mate y un par de cosas más y nos fuimos a la terminal de micros camino a Purmamarca, un pueblito típico de la quebrada, situado a hora y media de viaje.

Purmamarca
Pasamos una tarde lindísima porque después de recorrer los coloridos puestos con productos típicos de la zona ubicados alrededor de la plaza principal, nos fuimos a hacer un circuito de trekking de 3km que da vuelta por detrás del pueblo, entre las montañas y el lecho seco de un río... un cielo celeste intenso, el sol brillando fuerte… en Jujuy es como que los colores magnifican su pigmentación, algunas nubes blancas descansando posadas sobre las montañas y el sonido del viento corriendo en el cañadón... por momentos sopla tan fuerte que te lleva consigo… la inmensidad del paisaje es maravillosa... y podes estirar los brazos y gritar que la soledad es infinita... este sentimiento no era sólo mío sino compartido por todos y la sensación de libertad era tal que íbamos saltando y cantando a los cuatro vientos la canción de La Sole


"voy,voy llegando al sol
ven,que nos lleva el viento
ahora voy llevo mi emoción
voy por el tren del cielo"







"El tren del cielo", ninguna otra expresión idiomática puede haberlo expresado mejor.  El circuito se llama "La Vuelta del Colorado"  porque es un paseo que rodea al Cerro Colorado. 
 
La paleta de colores es espectacular!!!!! Y sin jejenes ni pumas amenazando, aunque el tema de los jejenes viene más complicado que el de los pumas porque parece que se me instalaron algunos en la ropa y me encontré dos más picándome acá en el hostel... eso si que no es fashion!!!

Cánticos populares acá se gestaron varios... como "me gusta Purmamarca, me gustas tu, me gusta Humahuaca, me gustas tu"... y así sucesivamente se repiten las estrofas con cada pueblo de la quebrada... Jajaja!!!

Y aprovechando nuestro paso por la terminal, conseguimos un lugar donde se puede comer bien, un puestito de trailer rojo, donde a partir de ahora comemos escuchando música boliviana.-

Satelital de La Vuelta del Colorado




miércoles, 10 de octubre de 2007

ARGENTINA - NOA EXPRESS - CAP 1/2: La Tierra del Jaguar

San Salvador de Jujuy, Argentina – miércoles, 10 de octubre  de 2007


La provincia de Jujuy es conocida internacionalmente por la Quebrada de Humahuaca y su famoso Cerro de los Siete Colores, sin embargo, al otro lado de la quebrada, yace una selva virgen que no cuenta con el don mágico de la publicidad turística: La Yunga.

El Parque Nacional Calilegua está a 2hs de la ciudad en micro, así que nos levantamos a las 4:30am!!!!  No éramos muchos, unas 20 personas (todos compañeros de facultad) pero divididos en tres grupos distintos.  El micro llega a la ciudad de Ledesma (la del azúcar) y de ahí sale un "colectivo" hasta el parque, pero el supuesto colectivo es una especie de micro escolar viejo convertido en chatarra ambulante.  Ahí viaja la gente que vive en los valles y va a Ledesma de compras por ser el pueblo más "grande" de esa zona.  Así que viajamos parados, en el pasillo, medio encorvados, con los pies bizcos, porque la gente llena el colectivo con bolsas, cajones, botellas, caños, bolsas de cemento, bolsas de pan, pan y más bolsas de pan, los chicos, bolsas de supermercado, bolsones, carne... todos ellos iban sentados y nosotros apilados en el pasillo entre todas estas cosas.

El "colectivo" nos dejó en la puerta del parque, donde están los guardaparques.  La primera sorpresa fue que no había guía (porque el único que había estaba guiando a otro grupo).  La segunda fue que "se nos terminaron los mapas", así que nos separamos y cada grupo armó su propia aventura. 

Yo fui con dos compañeras, pero en el camino nos hicimos de un elemento masculino: un austriaco que andaba suelto por la zona.  La Yunga es una continuación de la selva que empieza en Tucumán, pasa por Salta y llega hasta Jujuy.  Es selva sobre montañas.  Entre la Yunga y la selva misionera contienen el 50% de las especies del país.  Y es selva, selva.  Con la humedad propia del ambiente selvático, sumado al calor del sol, el lugar se hace agobiante.  

Como no es época turística y además, el turismo en Jujuy se centra principalmente en la zona de la Quebrada, las sendas de trekking están muy abandonadas.  Si bien están señalizadas, la selva avanzó mucho sobre ellas y hay lugares donde uno prácticamente no ve donde pone el pie.  Además, al ser selva y al estar tan avanzada sobre el camino, no hay visibilidad sobre los laterales.  

  
 Si bien uno se lo imagina... y aunque nadie nos alertó en la entrada... vimos por el camino las simpáticas advertencias de jaguares y pumas... y al borde de una laguna vimos las huellas frescas de un animal (al parecer grande) que había apoyado las patas en el barro para tomar agua.  A partir de ahí el olor a miedo rondaba en el ambiente.  No había más gente que nosotros (los tres grupos), no había señal de celular, y el lugar era muy selvático, MUY NATURAL.  Seguimos por otros senderos y llegamos a un arroyo... donde nuevamente un cartel alertaba que la zona, al ser de yuyos secos, era el lugar de vivienda del jaguar... y salimos disparados como cohetes.  

En otro de los caminos la chica que iba liderando la fila de trekking no vio una serpiente que se desperezaba al borde del camino y le pasó raspando.  Yo, que iba justo detrás de ella, la ví y logré empujar a mi compañera con un palo por la espalda para que se alejara.  Era hermosa, como de metro y medio, amarilla, pero estaba más asustada que nosotros. 

Habíamos llevado agua pero el calor era tanto que a las dos horas nos quedamos con las botellas vacías y decidimos bajar a un camping para abastecernos del preciado líquido.  El momento de mayor tensión fue camino al camping porque empezamos a escuchar las pisadas de un animal sobre la hojarasca.  Ante un felino no hay que correr porque sino te identifica como presa.  Hay que quedarse quieto y alejarse despacio hacia atrás, sin darle la espalda, levantar los brazos y agitarlos para parecer más alto y obviamente no gritar.  





El animal caminaba detrás de un montículo con lo cual no podíamos verlo pero sí escucharlo.  Nos quedamos paralizados.  Amuchados detrás de el único "árbol" que teníamos cerca (un arbolito con el tronco más finito que una caña de pescar... una cagada), callados, escuchando y buscando la imagen entre la vegetación.  No vimos nada pero lo pudimos escuchar rugir.  Nos quedamos ahí paralizados.  No sabíamos qué hacer ni para donde ir.  Hasta que logramos vencer el miedo, nos amuchamos en fila, agarramos unas ramas y retornamos con firmeza hacia la ruta.
 
zona de camping
Llegamos a la oficina de los guardaparques pero estaban en su hora de siesta, con lo cual no había nadie a quien acudir y no nos quedó otra que reintentar el ingreso al camping desde otro camino.  En el camping solo había una carpa... nadie ni nada más.  Los baños estaban abandonados pero así y todo abrimos las canillas de unas piletas que estaban afuera y nos pudimos rehidratar... no nos importó nada, obviamente que no era agua potable, era agua del río o del arroyo, o de vaya uno a saber de dónde, lo importante era salvar el momento, la cagadera (si es que la había) iba a aparecer más tarde o al otro día...

Después de mojarnos la cabeza, lavarnos la cara, y llenar las botellas nos pusimos en las mesitas del camping a tomar unos mates con galletitas.  Recién ahí pudimos relajarnos.  Los otros dos grupos pasaron situaciones parecidas, también se quedaron sin agua y también se vieron obligados a bajar al camping, así que ahí nos encontramos todos.  Y ahí nos dimos cuenta que el clásico repelente para insectos no espanta jejenes.  Sí, tengo el cuello que parece que tuviera varicela, pero no, tengo 20 picaduras de jejenes sólo en el cuello, más otras tantas repartidas entre los brazos y las piernas.

La verdad, fue una experiencia alucinante porque a diferencia de otros parques que son más concurridos y que están más preparados para los turistas, este es agreste, 100% salvaje.

En medio de toda esta experiencia, se ha gestado un cántico alusivo: "yo tomo licor, yo tomo cerveza y agua con pajita, y la yunga me divierte y me excita"

The Pink Panter (barnizada en Caladryl).-

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jueves, 25 de marzo de 2004

ARGENTINA - ENTRE CIELO & HIELO - CAP3/3 : Amaneciendo

El Chaltén, Argentina - jueves, 25 de marzo de 2004

El plan era comenzar a ascender al cerro a las 4am, de noche y con linternas, con pendiente de 70º, dos horas de caminata para poder ver el amanecer sobre un lago a las 7:30, momento en que el Fitz Roy se tiñe de rojo, pero a esa hora estaba lloviendo así que nadie se levantó (porque todos los que estamos acá lo hacemos por la misma locura). Son las 8:05 y recién ahora se escuchan algunas voces.  Voy a ir al baño (algún yuyo) y hacerme algo caliente para tomar.  El cielo está celeste, parece que hay sol.   Son las 10:15, acaban de encontrar tres lauchas ahogadas dentro de un paquete de papas fritas.  La tinta de la lapicera está congelada así que por momentos sólo marco las palabras sobre el papel.  La barra de cereal que comí hace un rato también se congeló, así que tuve que partirla en pedazos.



Amanecer al pie del Fitz Roy

10:30 Acaban de iniciar la subida a la Laguna de Los Tres.  Yo no voy porque tengo los pies lastimados, con las rocas húmedas por la lluvia se me hace más difícil.  La subida es tranquila hasta la mitad, luego se empina de golpe hasta la cima.

11:05 Está lloviznando nuevamente.  El gigante sigue cubierto por nubes, sin embargo por momentos algún claro deja entrever partes de su ladera derecha.

11:55 Acabo de acercarme a un chico que contemplaba el Fitz Roy apartado del campamento, con gorro de llama que llama, alpargatas y mate, para pedirle que me convidara uno y resultó ser Seth, el yanqui con el que subí hasta la Laguna Capri.  Las lauchas le comieron una esquina de la carpa aún cuando no tenía comida adentro.  También me confirmó algo que a mi me había parecido escuchar durante la noche: pájaros que se meten entre la carpa y el techo cobertor.  A un irlandés vecino, las lauchas le comieron la punta de un envase de tetra brick de jugo.

13:00 El viento es como una ola, se lo escucha venir bajando por la ladera, escurriéndose en el bosque hasta que pasa por el campamento y sigue bajando. Hace aproximadamente un ahora que el sol está entibiando el aire y las nubes se están elevando.  Si bien en el resto del cielo las nubes corren rápido debido al viento, en la porción que dá sobre el Fitz Roy es como si las nubes quedaran enganchadas en el pico y por más que uno no pueda verlo, se lo divisa por los remolinos que forman las nubes a su alrededor.

No ví el amanecer rojizo por el cual había ascendido, no logré llegar a la laguna al pié del Fitz Roy pero sin embargo es una meta cumplida el haber amanecido a los pies del gigante, y toda la hostilidad es parte de un dura prueba de supervivencia y de un grato recuerdo... y en gran parte se lo debo al excelente equipo de trekking que formamos con la española.




ACLARACIÓN ACTUAL la redacción utiliza diferentes tiempos y es porque decidí respetar el texto original, realizado in situ, escrito en medio de la noche, en pedacitos de papel, a la luz de la linterna y con una lapicera cuya tinta estaba congelada, sin posibilidad de continuidad alguna en el relato.

DATOS  hay dos caminos que llegan al campamento Poincenot al pie del Fitz Roy, uno que sale directo desde la ciudad del Chaltén y otro que parte 15km más al fondo.  La ventaja de este segundo camino frente al primero es que al ser mayor la distancia, la subida es mucho más gradual.  Nosotras decidimos hacer la subida gradual para evitar esfuerzos y utilizar el camino empinado y cercano para la bajada así poder emprender un rápido regreso a la ciudad.  


El camino

lunes, 1 de marzo de 2004

ARGENTINA - ENTRE CIELO & HIELO - CAP1/3 : En busca de El Calafate

El Calafate, Argentina - 2º DIA (fecha desconocida)



Hoy estuvimos todo el día en la Reserva Municipal Laguna Nimez de la ciudad de El Calafate buscando el “Calafate”, un arbusto que se caracteriza por tener tres espinas y “hojas color verde”.  La reserva cuenta con un circuito autoguiado de postas explicativas sobre flora y fauna de cada sector.  En la aventura conocimos a una alemana y a un español con los que nos “extraviamos” en medios de lagunas, patos y yuyos y más patos.  Estamos agotadas… y totalmente coloradas porque nos pegó el sol todo el día.

Nos agarró una nube de mosquitos geoestacionaria a la cual teníamos que estar espantando con las bufandas.  También saltamos un alambrado y nos metimos en ¿propiedad privada? una playa virgen sobre la costa del lago Nimez, agua celeste, sol al atardecer, montañas sobre el horizonte, suave arena y un muchacho andando a caballo en la inmensa soledad… sí, les juro que no fue un espejismo.




Sisisi, me vino a comer el pelo
La ciudad es pintoresca, casitas de colores llamativos se mezclan con cabañas de troncos internadas en una extraña mezcla de pinar y alameda, seguramente uno de los cuales no es autóctono.  Todo está lleno de jardines y los jardines llenos de flores, en especial abundan los rosales en una extensa variedad de tonos.  El sol es tibio y baña la ciudad que crece a pasos agigantados.  Por todas partes se ven máquinas de construcción, obreros, como si estuvieran arreglando rápidamente la casa para recibir visitas.  Los caminos de entrada a la ciudad y el que lleva hacia los glaciares están siendo  pavimentados.  La costa sobre el Lago Argentino se está transformando a toda prisa en una “Costanera Sur” iluminada por faroles con bochas blancas redondas.  Caminando por la calle vimos un perrito rubio y así fue que nos surgió la broma intelectual "un Perito Rubio y un Perito Moreno" haciendo alusión al glaciar que vinimos a visitar.

Les cuento que se hace un poco difícil escribir porque hay un solo servidor para todo el pueblo.  Hoy me hice amiga de un yanqui que siempre me roba fuego… se llama Brandon ¿por lo menos el nombre es atractivo, no? El albergue es espectacular.  El momento más interesante es la hora de la cena porque nos apiñamos todos en la cocina… somos muchos y hay gente de todas partes, está buenísimo.  Es enorme y está lleno de gente copada.  Compartimos la habitación con una pareja de irlandeses.  Él está chocho porque duerme con tres mujeres… y como era de suponer, tuve que empezar a “chapotear” inglés, creo que se me entiende.

Satelital de la Reserva Laguna Nimez
 Mañana es el gran día: Trekking sobre el Perito Moreno.-