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lunes, 28 de mayo de 2012

Los Artistas de Cuzco

En mi segundo viaje al Perú, tuve la inesperada oportunidad de poder visitar el interior de la Catedral de Cuzco.  Esperando encontrarme con la decoración habitual de las iglesias católicas, su ornamentación me sorprendió enormemente cuando en vez de tener una escenografía montada con estatuas de santos, estaba sobriamente decorada por medio de pinturas al oleo, que representaban pasajes de escenas sagradas, enmarcadas en bellísimos marcos áureos barrocos, tapizando sus esbeltas murallas y columnas.  

Un tiempo después, un amigo me comentó que la particularidad de esas imágenes era que habían pertenecido a lo que en la época Colonial había sido la Escuela Cuzqueña de Pintura, lo cual engrandecía aun mas mi admiración y su valor excepcional.

Un tiempo después del después, descubrí que en momentos anteriores al Imperio Inca, existían en las costas del Perú unos pintores de mantos cuyo oficio era justamente pintar las telas de las vestimentas, y que durante el Incario, había en ciertos templos, pinturas que representaban momentos claves su historia.  

Antes, durante y después, los pintores cuzqueños nos deleitaron y deleitan con su producción artística.  En mi primer viaje al Perú, en el año 2009, adquirí de un artista callejero, una bella acuarela a cambio de los pocos soles que me quedaban en el bolsillo.  
    
La Acuarela

Es llamativa la forma en que el arte se exhibe en las calles de esa ciudad: verborrágica, profusa y desinhibidamente.  Y la existencia de semejante pandemia de colores en la oferta de imágenes andinas, se traduce en una demanda de magnitud similar, un consumo de las mismas por parte turistas que provienen de distintos rincones del mundo buscando atesorar las vivencias de su paso por ese pequeño cofre de historia incaica.

La pintura que yo me traje de recuerdo es una pequeña acuarela, de 12x35cm, que compré limitada tanto por el dinero disponible en ese momento como por la posibilidad de transportarla en mi mochila, para lo cual, la vendedora la colocó delicadamente enrollada en el interior de un tubo de cartón y así asegurarme su intacto traslado.

Recién hoy me percato de un detalle fundamental: la obra no tiene la firma de su autor.  Tal vez fue un olvido, una omisión... tal vez sólo pretendió mantenerse en el anonimato.  Solo recuerdo que la chica mencionó que todas ellas eran obra de las manos de su padre.  ¿Quién era aquella chica?   ¿Quién era su padre?  Lo cierto es que las calles de Cuzco están continuamente rebosantes de estos artistas que ofrecen la mirada de su pueblo al mundo.  

Los Artistas de Cuzco
En honor a ellos, y haciendo extensivo el anonimato de la obra, es que me permito representarlos a ellos y sus sueños, en esta bella y cálida pincelada.-

sábado, 12 de mayo de 2012

Mis Viajes a Perú

Uno de los destinos que más reiteradamente visité fue sin dudas el Perú. Cuando era adolescente y recién me iniciaba en esto de mochilear por el mundo, veía a Machu Picchu como el punto culminante de mi aventura: La Meca Mochilera. En esa época, Perú era en mi mente sinónimo de Machu Picchu y de nada más, era como que la Ciudadela Incaica surgiendo de entre la vegetación espesa de la selva y envuelta en un aura de magia, era todo lo yo imaginaba que podía encontrar en ese país y hacer el trekking por el Camino del Inca se había convertido en mi objetivo final.

Recuerdo que en aquellas épocas el trekking por el Camino del Inca se publicitaba como "4 días / 3 noches" en todos los folletines de viajes estudiantiles y yo los guardaba celosamente, miraba la ciudadela encantada deseando algún
día poder alcanzarla, pero para esa época y para la edad que tenía, llegar a Machu Picchu recorriendo tierras extranjeras era una idea muy lejana.

Sin embargo, el plan seguía dando vueltas en mi mente y las anotaciones de los detalles y los cálculos monetarios que insumía tal empresa, se amontonaban entre mis papeles, hasta que poco a poco fueron tomando la forma de un posible viaje. Incluso se dibujaba difusa una fecha estimada de partida para el año 2006, pero ni bien se iniciaba el año 2005, yo había perdido mi único sustento monetario: mi trabajo. Me llevó casi un año reponerme de ese duro golpe y otro año más estabilizarme monetariamente.
No sólo no había podido viajar al Perú sino que no había podido salir de mi ciudad ni de mi propia casa.

Pero el 2007 se tornaba bastante alentador, contaba con un nuevo trabajo y una nueva posibilidad de sustento económico que incluso me daba un poco más de cintura en todos los movimientos, sin embargo, por segunda vez mi viaje se vio truncado: hacia fines del 2007 un accidente en una de mis rodillas me llevó directo al quirófano.

Mis deseos de llegar a la Ciudadela Incaica no menguaban y luego de un intenso trabajo de rehabilitación, dos años más tarde, para el 2009, estaba lista para partir. El viaje incluía en su trayecto: Argentina, Bolivia y Perú. Contaba con dos semanas pero con escaso dinero, lo cual me limitaba a hacer todo el trayecto por tierra. El ingreso a Perú era vía Puno y de ahí triangulaba con Cuzco y Machu Picchu. Pero recuerdo que en aquellas épocas miraba el mapa y cuando ya Machu Picchu se había tornado en un destino accesible, Lima me desafiaba desde el rabillo oeste de mi ojo izquierdo. El trayecto Cuzco-Lima por tierra era demasiado extenso para sumarlo a mi travesía, sin embargo había algo en la
Ciudad de Los Reyes que llamaba mi atención, algo que se me tornaba misterioso, potente y nuevamente lejano para mi. Lima quedaba definitivamente fuera de mis posibilidades.


Recuerdo que viví esos cuatro días que duraba el trayecto del Camino del Inca con suma intensidad. La mezcla de sensaciones era verborrágica e intestina: lloraba, saltaba, cantaba y reía, todo a la vez. Pero si hay algo en lo que me marcó ese viaje fue que viví mis día en el Camino del Inca como una metáfora de la vida misma: uno comienza el trayecto entusiasmado, con fuerzas, con energías, con optimismo pero a medida que van avanzando los días, las fuerzas menguan, uno empieza a apoyarse más en los bastones y menos en la musculatura propia y se dá cuenta que en definitiva transita ese camino sólo, y aún cuando va rodeado de gente, no son más que desconocidos en quienes tiene que confiar y con quienes tiene que aprender a negociar para evitar que su andar sea realmente solitario. Uno aprende a apoyarse en el otro, a confiar en el otro, porque es la única manera de seguir adelante. En cuestión tan sólo de cuatro días, uno arma redes sociales por medio de amistades construidas casi instantáneamente para poder sobrevivir. Pero para sorpresa mía, al finalizar el trayecto me esperaba un autodescubrimiento más: me había dado cuenta que si ese camino había sido una metáfora de la vida, entonces no me había gustado transitarlo en solitario. En ese momento descubrí que hubiera querido tener alguien especial caminando a mi lado y a partir de ese momento sentía que quería transitar mi vida al lado de alguien más.

En el viaje a Machu Picchu pasaron un par de cosas más que marcaron a partir de ese momento mi destino: (1)
me había comprado una Chacana Mágica de serpentina y plata (2) me había comprado unos sahumerios artesanales hechos de plantas andinas (3) había conocido a un mochilero que me había hablado de una ciudad incaica llamada Choquequirao.

No todas las Chacanas eran realmente mágicas. Mientras paseaba por los mercados de Puno y Cuzco, tomaba las Chacanas en mis manos pero no sentía absolutamente nada hasta que sin buscarlo, dí con una Chacana tallada en una piedra verde llamada serpentina con decoraciones en plata en el mercado de Aguas Calientes. La miré y llamó mi atención. La tomé con mi mano y al encerrarla en mi puño pude sentir su poder. Era de una belleza excepcional pero su valor monetario excedía lo que yo podía gastar en ese día (e incluso en varios días más) y así como la tuve l
a dejé. El tren hacia Cuzco estaba a punto de partir y algo me decía que yo tenía que volver por mi Chacana. Comprarla significaba quedarme monetariamente en banca rota para el resto del día, pero el pasaje ya lo tenía y realmente no necesitaba comprar nada más, así que recorrí el laberinto del mercado donde todos los puestos se me tornaba iguales, hasta que di con la señora que me la había ofrecido y finalmente me la llevé.

Una vez en mi ciudad natal, sobrecargué a la Chacana con pedidos que excedían su poder, era una Chacana Mágica, no una Chacana hacedora de milagros y finalmente decidió abandonarme soltándose de mi cuello. Pero, a falta de Chacana, me la agarré con los sahumerios y un día, cuando el humo espeso de las hierbas quemadas se apoderó como una neblina de mi habitación, me sentí en conexión con los Dioses Incas y les pedí que me ayudaran a encontrar al amor de mi vida. No tenía nada para ofrecerles a cambio, pero en ese momento me vino a la mente aquella otra ciudadela de la que me habían hablado e inmediatamente les prometí que a cambio dedicaría mi vida a cuidar Choquequirao. Unos días después, casi por arte de magia, apareció en mi vida un mochilero que gustaba de viajar tanto como yo, pero lo que más me impresionó fue cuando mencionó su nacionalidad: era peruano. A partir de ese momento sentí que estaba en deuda con Los Dioses.

Mi viaje a Choquequirao comenzó a tomar forma rápidamente pero esta vez quería optimizar los tiempos y la vía aérea se tornó mi medio de transporte principal. Llegar a Choquequirao implicaba previamente volver a pisar Cuzco, aquella ciudad que se había tornado esquiva en mi primer viaje haciéndome perder parte de sus fotos, pero que así y todo se había convertido en la ciudad de mis sueños. Y ahora tenía no sólo la oportunidad sino también el deseo de visitar a Lima y a su limeño especial. Pero nuevamente en el mapa la airosa ciudad de Lima desafiaba todos mi planes, así que sin dudarlo junté un par de anillos y pulseras de oro y las vendí a fin de obtener efectivo para el viaje. Resultaba paradójico pensar que los españoles durante la conquista fundían el oro del Perú para enviarlo a España y que yo para poder viajar al Perú hacía la operación inversa.
Definitivamente mi viaje a Choquequirao fue el viaje en el que menos dinero llevé, estaba tan ahorcada monetariamente que recuerdo que contaba las monedas para poder comer. Igualmente, a diferencia de lo que sucede en otros países, las monedas en el Perú abundan y tienen altas denominaciones, con lo cual, poseer muchas monedas genera la falsa impresión de poseer migajas de dinero cuando en realidad en su conjunto pueden conformar una suma interesante. En una de mis primeras visitas a los museos de Lima vi una pequeña vasija de doble pico de color turquesa que costaba tan sólo cinco soles pero no podía darme el lujo de tener esa pequeña pieza y no comer, así que por mucho que me gustaba, la olvidé.

Seguí mi camino hacia Cuzco y de ahí partí, entre entusiasmada y temerosa, hacia Choquequirao. La montaña no me lo hacía fácil sino que me retaba a duelo, al lado de esto Machu Picchu se había convertido en un juego de niños y pronto me di cuenta que no podría continuar mi camino. Había quedado a pocos metros de la cima debido a que mi cuerpo no podía sobreponerse a las condiciones del clima, de la exigencia física y de la altura, así que abandonando muy a mi pesar mi objetivo, decidí volver. "Cuando la montaña no quiere, no quiere" me habían dicho y por suerte, supe escuchar el
mensaje que ésta me decía. Lo que tal vez no interpreté fue que el no cumplir con mi promesa tenía consecuencias directas con aquella relación que tanto estaba deseando preservar, o tal vez fue sólo un aviso, una señal, una advertencia, lo cierto es que el algún momento no muy lejano, el encanto de esa bella relación se rompió y la magia desapareció.


Chacana Mágica corazón de Huayruro

Así y todo, estando en el Valle Sagrado, decidí reponer mi Chacana perdida y entre los puestos de los mercados de la zona di con una nueva Chacana Mágica de serpentina, por cierto bastante más chica que la anterior, pero con una semilla de huayruro en su corazón, lo que la convertía en una pieza originaria y a la vez original.
Tanto en mi primer viaje a Machu Picchu como en mi segundo viaje a Choquequirao, Arequipa había formado parte inicial de mis planes, pero por cuestiones de distancias y de tiempos, en ambos proyectos había quedado descartada desde el inicio mismo.







Vasija de doble pico
En el año 2011 tuve la tercer oportunidad de viajar al Perú, pero esta vez ingresando desde la frontera con Chile, desde Arica hacia Tacna. Y finalmente, entre los mercados de Tacna, pude encontrar aquella vasija de doble pico color turquesa que había dejado pasar en mi viaje anterior. Arequipa quedaba tan sólo unos pasos hacia el norte pero por cuetiones de tiempo, mi visita hacia aquella pintoresca ciudad quedaría postergada por tercera vez.

Mirando hacia atrás, descubro que en cada viaje Perú me deja pendiente algo por hacer, algo por conseguir, algo por alcanzar, siempre me da pero me quita a la vez, nunca me deja el todo en las manos, arrastrándome a visitarlo una y otra y otra vez...

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Si querés conocer más acerca de estos viajes, te dejo los links de sus respectivos Diarios de Viaje

PUNO-CUZCO-MACHU PICCHU

LIMA-CUZCO-CHOQUEQUIRAO

TACNA

sábado, 16 de abril de 2011

PERU - CAP 14/15: Viviendo El Cusco – Parte IV

Cusco, Perú — sábado, 16 de abril de 2011

Tipón
Aprovechando que tenía el Boleto Turístico pago me fui a realizar el Circuito Valle Sur.  El tour se dirige primero a la llamada Capilla Sixtina de América, la cual ya había conocido en mi viaje anterior, las ruinas arqueológicas de Pikillaqta las cuales no tienen nada de asombroso, para finalmente terminar el recorrido pasando por Tipón, este era el objetivo de mi tour.  Tipón es un gran ambiente abierto de amplias terrazas rectangulares surcado por fuentes de aguas y cascadas que generan en el ambiente una relajante fuente de sonido. 
En el camino de regreso a El Cusco, paramos en dos pueblos que se especializan en dos tipos de comida diferente: panes tamaño pizza y pellejo de cerdo frito.  El pan resultó ser sano como todo pan pero pellejo frito y seco, que queda como si fuese una galleta aireada, resultó ser grasa pura.  También por el camino tuve la oportunidad de ver en las zonas más carenciadas una propaganda política que decía “10 panes, 1 sol“… me resultó muy triste ver que una campaña política se base en lo que debería ser el alimento básico de la población: el acceso al pan y a la leche.  Uno esperaría algo más abarcativo, más general como propuesta de campaña, se me ocurre por ejemplo un plan de educación nacional, un plan de financiación de pequeños emprendimientos, pero no que haya que votar a un gobernante que pueda garantizarte los diez centavos por cada pieza de pan, porque si es eso lo que hay que garantizar, entonces ¿qué queda del resto de la superestructura del país?
Cuando estuve de nuevo en la ciudad de El Cusco, y siendo la segunda vez en mi vida que la visito pero siendo la primera vez que sucede durante Semana Santa, pude ingresar a La Catedral la cual aún nocturna, estaba de puertas abiertas por la proximidad de La Pascua.  La particularidad de este recinto es que no se divisa el altar principal desde la entrada ya que al no tener primer piso, tiene el sector coral sobre la planta baja, ocupando la mitad inicial de la bóveda central, con lo cual, cuando uno ingresa, lo primero con lo que se encuentra es con un recinto de paredes y rejas que desafían la altura de las cúpulas y que en su interior albergan el sector coral.  Recién en la segunda mitad de la bóveda central hay algunos asientos mínimos.  Había mucha gente parada, como quien se detiene en medio de la calle a escuchar a escuchar una grata melodía y muchos niños corriendo y jugando entre la gente.  Desde mi percepción, es la catedral más bella que conozco.  Otra particularidad es que no tiene estatuas de santos sino únicamente óleos que retratan escenas sagradas enmarcados en elaboradísimos marcos de oro.  Incluso su altar no es convencional, es más bien un atrio improvisado con un gran cortinado de terciopelo rojo.  Me gustan su excentricidad, su finura y su disposición poco convencional.
Cusco, Perú — domingo, 17 de abril de 2011
Amaneció con una leve llovizna sobre la ciudad.  Es Domingo de Ramos.  Me alisté para salir a una calle fresca, nublada y aguada.  Caminé como todos los días hacia la Plaza de Armas por la Cuesta de San Blas y en la mismísima calle donde se encuentra la Piedra de los Doce Ángulos, encontré en el piso un prendedor con una parejita de coyas.  Estaba húmeda pero nueva, evidentemente la había perdido algún vendedor la noche anterior y había quedado posada en el suelo, como una joya brillante, delante de mis pasos.
Llegué a la Plaza de Armas y el espectáculo era completamente singular.  No eran las 9am y la plaza estaba repleta de gente yendo y viniendo, repleta de vendedores y de niños.  Las tres puertas dobles de la Catedral estaban abiertas de par en par y el aire eclesiástico salía de sus propios límites y se mezclaba con la plaza profana.  Los hombres estaban en su mayoría vestidos con trajes oscuros.  Los vendedores no ofrecían ramos de olivos sino hojas de palma trenzadas artesanamente en forma de cruces y de ramas con redondas hojas.


Esa mañana, aprovechando que era domingo, decidí hacer el tour al Valle Sagrado, el cual recorre unos 350 km en 10 horas.  En la primera parada que realiza el bus, en un mercado ubicado sobre el camino, encontré una Chacana Mágica hecha de Serpentina.  En realidad, en mi viaje anterior al Perú, me había comprado una Chacana Mágica de Serpentina con incrustaciones de plata, de unos 3 centímetros de diámetro, en el mercado de Aguas Calientes pero le pedí un imposible y siendo mágica pero no milagrosa, la Chacana se desprendió repentinamente de mi cuello para perderse entre las calles de Retiro en Buenos Aires.  Ahora tenía en mis manos una pequeña Chacana Mágica de Serpentina que no superaba el centímetro de diámetro y en cuyo corazón había capturada una semilla roja con una pinta negra llamada Huayruro.  Esta semilla, debido a que es venenosa pero muy llamativa -seductoramente mortal-, se utiliza desde los tiempos incaicos en joyería (y en caso de emergencia, “rompa la Chacana y coma la semilla”).  Tuve muchas Chacanas en mi mano durante todo este viaje, en cada uno de los mercados, en cada uno de los puestos, pero no todas son mágicas, no todas se hacen sentir, es algo que se siente o no se siente, es un poder con deseos de explotar hacia el universo encerrado en el puño, y esta efectivamente tenía fuerza mágica.  Compré una para mi y una para mi amiga.  Pendiendo de un cordón negro, lucía modesta ocultando su verdadero poder.
El siguiente destino son las ruinas arqueológicas de Pisac y siendo arqueóloga puedo afirmar no sólo que son muy bellas sino que además están tristemente descuidadas… las ruinas están en ruinas, tapadas por los yuyos.  Y la solución no es muy compleja ni requiere de mucha inversión, simplemente hay que dejar en el sitio arqueológico un par de llamas sueltas, ellas se encargan no sólo de mantener el pasto corto sino que además sacan con sus dientes los platines que crecen entre los bloques de piedra de las construcciones, manteniéndolas de esta formas libres de raíces y vegetación y preservándolas del deterioro que las plantas producen con su crecimiento.  Este sitio arqueológico incaico corona la cima de una montaña en cuya base se encuentran el poblado actual de Pisac y su famoso mercado local.  Esta sería nuestra tercera parada donde nos llevarían a conocer un taller artesanal de platería.  Luego de esto nos dirigiríamos hacia el poblado de Urubamba donde tendría lugar nuestro almuerzo.   
En este viaje me ha tocado vivir algo que nunca antes había vivido: el tener que contar las monedas –literalmente- para poder comer, el tener que decidir entre las distintas alternativas de menús baratos y elegir el más barato de todos, aquel que me permitía ahorrar una moneda.  Las monedas peruanas son grandes y eso le genera a uno la ilusión óptica de haber ahorrado mucho dinero, además de que tienen denominaciones altas y que a diferencia de lo que ocurre en Argentina, en Perú el cambio no escasea sino que las monedas fluyen con gran caudal, con lo cual un manojo de monedas se convierte en un cofre de joyas.  Sorprendentemente no escuché en todo el viaje nadie que me hiciera problemas por el cambio frente a los billetes de denominación alta… es más, he llevado conmigo la costumbre de la incomodidad de no tener cambio para ofrecer cuando pagaba cosas de pequeños precios con billetes de alta denominación pero mis disculpas y mi sensación de culpa no tenían lugar allí, así que aprendí rápidamente a convivir con esta nueva oportunidad de pagar lo que sea con el billete que sea sin tener que preocuparme de que los dos valores sean cercanos entre sí.  Por eso, debo confesar,  he llegado incluso a sentirme culpable por “gastar tanto dinero” en un almuerzo como este donde sentí que lanzaba 20 soles al viento cuanto estaba acostumbrada a comer por menos de la mitad de ese precio.
El primer destino entrada la tarde es el sitio arqueológico Ollantaytambo, un lugar bellísimo escondido entre montañas.  Y si bien el complejo arqueológico está bastante bien conservado, he notado que las zonas que aún conservan revestimientos de arcilla originales no están delimitadas.  Al no estar protegidas, el público “cholulo” se mete para tomarse fotos con poses de  “modelo” sin respetar y sin cuidar los espacios: se paran, se meten, tocan, desarman, raspan, no respetan el sitio en absoluto.  Lamento mucho cuando la gente en lugares como estos se comporta como si estuviese en un shopping.  Es como si hubiese un neto deseo de explotación hoy y ahora de este sitio pero sin ningún deseo de preservación.  No puede ser que la gente, en el Templo del Sol, se pare o se siente sobre las rocas talladas.  No puede ser que nadie tome consciencia de que con las mochilas destruyen los pasadizos angostos.  Hay un guardia en el Templo del Sol que con un silbato le va indicando a la gente que no puede pararse sobre las piedras pero en ningún momento les prohíbe sentarse como si fuese un picnic.  Y la solución no es muy compleja ni requiere de mucha inversión: hace falta acordonar, poner un cordón entre balaustres y un cartelito de “prohibido ingresar” o “prohibido tocar” para evitar la destrucción.
El último destino en este rally andino es el poblado de Chincheros, una comunidad de tejedoras que realizan sus tejidos de telar en base a lanas teñidas con tintes naturales obtenidos de plantas e insectos.    El Valle Sagrado es uno de los paisajes más cautivantes del todo el Perú, sobre todo por su extraña combinación de paisaje de los Andes con pinos alóctonos.
Pero Cusco es maravillosa incluso en sus ocurrencias.  Por ejemplo, la regulación del consumo de agua no sólo determina que puedas o no bañarte sino que limita cualquier otro tipo de actividad que tenga al agua como elemento componente, pero después de tanto paisaje, tanta vida, tanto sol y tanta libertad, ya me había acostumbrado a la intermitencia hídrica y su carencia o posesión realmente poco me importaban.-
***
DATOS
§  Boleto Turístico: lo pagué 130 soles y permite el ingreso a 16 sitios de interés turístico.  Hay varios puntos de venta pero yo particularmente lo compré en las Galerías Turísticas de Av. Sol y Mantas
§  Tour Valle Sur: lo pagué 20 soles y dura toda una mañana.
§  Tour Valle Sagrado: cuesta 25 soles sin almuerzo y 45 soles con almuerzo incluido, pero, en mi opinión, por el lugar al que me llevaron a almorzar, no valía la pena pagar ese precio.  Comí únicamente pasta y papas, hay también ensalada de lechuga, tomate y palta y de postre hay flan pero realmente eso no valía los 20 soles que me cobraron porque además del menú estrecho, no incluía la bebida.    Este tour conviene realizarlo martes, jueves o domingos que son los días en que está instalado en la plaza el mercado de Pisac.  Se recorren 350 km en 10 horas.

lunes, 11 de abril de 2011

PERU - CAP 9/15: Viviendo El Cusco – Parte III

Cusco, Perú — lunes, 11 de abril de 2011
Hoy desperté realmente descompuesta, creo que incluso tuve un poco de fiebre.  ¿El pollo o la papa rellena? nonono, siento que lo que realmente me hace mal en este país es la leche, es como si fuera acuosa, transparente, lo pienso y me da escalofríos.  En Baires tomo leche todos los días, sola, fría, caliente, con café, con chocolate, con cereales, con miel, pero acá la leche parece no tener esos procesos de pasteurización y el nivel de bacterias del que nos habla Pancho Ibañez.  Así que tuve que tomar mi primer pastilla de Sertal de las 2 que compré a último momento en el chino de casa.
Además, desde que estoy en Perú me ha pasado tres veces sufrir descompensaciones térmicas que me hacen temblar todo el cuerpo incluyendo la boca también, me invade una sensación de frió como si fuese una hipotermia, como si se me fuera todo el calor corporal y tengo que envolverme en una manta y tomar un trago de licor.  Nunca antes me había pasado, ni siquiera durmiendo en zona glaciaria.
Pero, de todos modos, como todos los días, me levanté igual temprano y dada mi condición estomacal, decidí quedarme por los alrededores de la ciudad para conocer en este caso el Mercado Central de Artesanías que queda al finalizar la Av. El Sol.
Con los mercaderes sucede en todos lados lo mismo: hay pocos turistas y se desesperan por venderte cualquier cosa, por eso, algunas veces, es mejor pasar sin mirar.  Entre ellos hay mucha competencia y todos tienen prácticamente los mismos productos, entonces la diferencia está en la rebaja o en el pack.  Sobre todo si es la primera venta del día, la rebaja puede ser bastante sustancial y si logran concretarla, festejan de alegría.
Lúcuma
En mi sección “probando frutas peruanas” he probado estos días la lúcuma, la cual ya había tenido el gusto de probar en forma de yogurt.  Es una especie de palta cuya piel es fina y verde, es una fruta redondita, simpaticona, con una estrellita por hoja y bien naranja por dentro.  Su semilla también es similar a la de la palta y según me indicaron, las más ricas son la que están chamuscadas por fuera.  Para saber si está en su punto justo se la debe agitar, si la semilla se mueve y hace ruido, entonces está lista para consumir.  Sin embargo, para mi gusto, es demasiado dulce y paposa.
Cuando volví del mercado me fui caminando hasta la fortaleza de Saqsaywaman (se accede a pie desde la ciudad, siguiendo la subida de escalinatas de la calle Choqechaka).  Se trata de una triple muralla de fortificación incaica para proteger en ese entonces la ciudad del Cusco.  Esta muralla tiene la particularidad de estar hecha como en paneles cúbicos.








El hostel en el que me alojo tiene la estructura típica de todas las construcciones del Cusco: parecen un conventillo colonial, especio que sobra, espacio en el que arman una nueva habitación con techo de tejas.    De esta manera se amplía la ciudad pero sin perder el estilo.  Pero, lamentablemente, hay cosas muy ilógicas en este Cusco.  Si uno pasa por al lado de la famosa Piedra de los Doce Ángulos (una piedra que forma parte de una  estructura incaica en la calle Cuesta de San Blas y que tiene la particularidad de estar cortada con 12 ángulos) y uno la toca, se lo prohíben.  Sin embargo, en el mismísimo Barrio de San Blas, la cadena internacional de hoteles Marriott ha conseguido adueñarse de casi una manzana entera bajo el título “puesta en valor”.  Según me comentaron, los vecinos de la zona no pudieron hacer nada frente al dinero que motivó tal emprendimiento.  También me comentaron -y acá viene lo ilógico del caso- que el muro inca que se encontraba en ese lugar, fue desmantelado y vuelto a ensamblar a pocos metros de su lugar original, sin embargo, el encastre no quedó con la perfección incaica original… ¿será que si pago unos cuantos millones puedo tocar libremente la Piedra de los Doce Ángulos?


En mi camino de regreso por la ciudad me encontré por la calle con el operador turístico con quien tenía planificado hacer el trekking a Choquequirao y me dijo, siendo las 17hs “mañana partimos a Choquequirao” así que no me quedó otra que correr a preparar todo en un par de horas: lo que iba a llevar, lo que iba a dejar en custodia, vaciar la memoria de la cámara, conseguí algo más de dinero y hacer lavar y secar la ropa en menos de dos horas.-


***
DATOS
§  Mercado Central de Artesanías: Av. El Sol y Av. Tullumayu
§  Saqsaywaman: se accede caminando por la calle Choqechaka hacia arriba, la calle va en ascenso hasta convertirse en una gran escalinata al final de la cual está este centro arqueológico.

domingo, 10 de abril de 2011

PERU - CAP 8/15: Viviendo El Cusco – Parte II

Cusco, Perú — domingo, 10 de abril de 2011
Hoy por suerte salió el sol y pude andar nuevamente en musculosa.  Hoy tengo el gusto de estar escribiendo este capítulo del diario en un balcón colonial de una cafetería frente a la Plaza de Armas.  Ayer fui a visitar Maras y Moray, y de paso en el camino nos llevaron también a visitar a una comunidad de tejedoras que preparan tintes naturales con colorantes provenientes de insectos y vegetales.  Las lanas naturales obtenidas de animales son lavadas primero con la saponina procedente de una raíz y cuando están secas, realizan el hilado en un huso romboidal dándole forma a las hebras “amasándolas” entre los dedos índice y pulgar.  Luego arman las madejas las cuales sumergen en los tintes colorantes diluidos en agua, a los cuales agregan sal o ceniza volcánica según se desee oscurecer o aclarar la tonalidad y una vez que están secas estas lanas coloridas, hacen sus tejidos en telar.
Moray es un antiguo laboratorio agrícola perteneciente a los Incas con terrazas circulares concéntricas, cada una de las cuales, a su distinto nivel y temperatura, reproduce distintas condiciones climáticas.



Maras son unas salinas que desde tiempos precolombinos vienen funcionando hasta la actualidad.  El sistema se compone de una serie de piletones excavados en la ladera  de la montaña los cuales se llenan de agua salada, la cual luego de evaporarse, decanta su sal lista para procesar.



La necesidad de integración cultural entre los Pueblos Originarios y los turistas Europeos se nota en su discurso y en la incorporación de expresiones idiomáticas típicas europeas.  Aunque no lo crean, estas tejedoras andinas eran trilingües y explicaban sus trabajos en castellano y en inglés, aún cuando el lenguaje nativo de la zona a la que pertenecen puede ser Quechua o Aymara.  Estas mujeres utilizan incluso los colorantes naturales rojizos a modo de cosméticos y cuando mencionaron esto especificaron “24 hours of long duration” y agregaron “y no deja manchas en la camisa del caballero“.  También vi en el camino un grupo de estudiantes que ofrecían una bebida fermentada a base de anís cuyas propiedades estimulantes eran presentadas a modo de “Red Bull Andino“.  El “mensaje blanco” permeaba el canal de comunicación de los Pueblos Originarios en un intento de llegada y de integración.




A mi regreso a la ciudad me fui a saldar una cuenta pendiente con el Templo del Qorikancha que en mi viaje anterior no lo había visitado.  El Qorikancha era el principal templo incaico de El Cusco y cuando llegaron los españoles construyeron sobre él el Convento de Santo Domingo, por eso en su interior, no sólo se ven las dos arquitecturas, conjunción típica de todo El Cusco, la incaica por debajo, la española por encima, sino que además, sus galerías están revestidas por óleos originales de la época colonial.



Hoy domingo me tomé una combi local (salen de la calle Puputi, a una cuadra de Av. Recoleta) y me fui a conocer el Mercado de Pisac, un mercado artesanal donde también hay venta de frutas y verduras.  En este espacio se congregan pobladores de los andes y de los valles para intercambiar los productos de sus distintos pisos ecológicos.  Además del mercado, Pisac es famosa por un conjunto de ruinas arqueológicas (que tengo entre mis pendientes),  por la misa en quechua y por sus hornos de barro coloniales.  Uno de ellos en particular es famoso además por sus empanadas de queso y cebolla así que me fui en busca del horno y sus manjares y cuando llegué me encontré además con un criadero de cuyes vivos los cuales los comensales elijen en el momento y luego de ser matados in situ, son preparados a las brazas.  Los cuyes hermosos… yo en mi casa tuve dos como mascotas así que sería incapaz de comerlos, las empanadas puro pan dulce con un trocito de queso.  La iglesia nunca la encontré… dicen que la trasladaron… dicen que está cerrada por reformas ¿…?

Te como... a besos!!!
En un momento me senté en el escalón de la puerta de una casa para contemplar mejor el movimiento del mercado y estando cercana al piso, mis ojos se fijaron en los pies de los pobladores.  En ese momento me vino a la memoria una novela de H. Mankell sobre África, donde el protagonista evaluaba el futuro de África en base al estado de los zapatos de su población y me vino a la memoria esto porque esta gente caminaba con unas sandalias completamente destruías, llenas de barro, los pies ajados, con la piel curtida, los talones resquebrajados, las uñas lastimadas, ennegrecidas o incluso sin ellas, los dedos superpuestos, los pies hinchados, embarrados… señal de una dura y larga caminata por la vida.

A mi regreso, caminando por El Cusco, descubrí otra plaza a pocas cuadras de la Plaza de Armas, llamada Plaza San Francisco y ahí entendí una diferencia crucial: la Plaza de Armas con sus balcones restaurados y convertidos en bares y pubs nocturnos, es para turistas.  Pero en esta otra plaza había balcones derruidos, en estado original, techos de tejas vencidos y todo un mercado de comidas que congregaba al pueblo de Cusco.  Ojalá alguien se encargara de restaurar los alrededores de esta plaza.  Así, de pronto me vi entre grandes ollas donde las mujeres con trenzas freían comida, otras cortaban verduras y otras tantas comían alrededor de estas grandes ollas.  No era el espacio del turista, era el espacio original del pueblo.  Pero no podía irme de ahí sin probar unas papas rellenas de carne, ají y zanahoria, fritas, por sólo $1… todo un manjar.-
***
DATOS
§  Tour Maras – Moray: dura una mañana.  Pagué 25 soles + 5 soles de la entrada al salar
§  Combi hacia Pisac: son los vehículos locales que utilizan los pobladores de la zona para movilizarse a lo largo del Valle Sagrado.  Parten en forma continua y están ubicadas en la calle Puputi, a una cuadra de Av. Recoleta.  El costo fue de 4 soles.
§  Qorikancha: pagué 5 soles con el descuento para estudiantes.

viernes, 8 de abril de 2011

PERU - CAP 7/15: Viviendo El Cusco – Parte I

Cusco, Perú — viernes, 8 de abril de 2011

 
Luego de un vuelo movido, me encontraba en el aeropuerto de Cuzco (El Cusco, como le dicen acá), junto a la cinta donde cada persona recoge su equipaje.  En ese momento volví a pensar en que tarde o temprano debo regresar a Baires y se me llenaron los ojos de lágrimas… Me vi a mi misma llorando, parada junto a la cinta transportadora, esperando mi mochila.  Soy como un gorrión, siento que muero cuando estoy enjaulada en la oficina tantas horas sin ver la luz del sol y manteniendo todo mi potencial reprimido.
A más de 3000 metros sobre el nivel del mar, El Cusco me recibió con mucho frío, más mi cuerpo estaba mareado en su totalidad, había quedado impregnado de los movimientos del vuelo, así que me compré un helado de vainilla y chocolate y me recosté en un banco de la plaza para poder recuperarme.  Así fue que sin darme cuenta estaba caminando por El Cusco, sin mapa, yendo y viniendo a mi antojo.  Me sorprendió la tranquilidad, la facilidad y la seguridad con que me muevo en esta ciudad, es como si la conociera de toda la vida.  Una noche, en medio de la noche, me sorprendió un ruido de gotera… me levanté pensando que había dejado la ducha mal cerrada pero era el cielo de El Cusco que estaba rociando agua sobre los tejados.



Entre los negocios encontré un lugar que hacen pizza a la leña en un horno de barro (lo tengo entre mis pendientes) por sólo $15 la pizza chica y además hacen unos cucuruchos de hojaldre con una forma como si fueran grandes caracolas marinas, rellenos de dulce de leche pero mi estómago fue más rápido que mi cámara.

Comer en Perú no es caro.  Para que se den una idea, un Gatorade cuesta $2, cuando me lo cobraron por primera vez pensé que se habían equivocado.  Uno puede comprar también hasta 3 frutas por $2.  Yo no tengo dentro de mi presupuesto el salir a comer afuera.  Sólo en una ocasión sentí necesidad de comer carne y me fui a un Burger (toda una osadía de mi parte) y otra noche me llevé de un Mc Donalds al hostel 2 piezas de pollo crocante por $5, pero no son las patitas de pollo artificiales de Baires sino que son dos trozos de pollo real: pata, ala o ½ pechuga, rebozados en pan rallado y fritos.  Tenía tanto frío esa noche que jamás imaginé que iba a devorarme un pollo frito con tantas ganas (no como frituras y salvo la pechuga desgrasada, detesto el pollo y su olor).De los alimentos que me traje de Baires, lo que me resulta más preciado son las sopas Knorr de zapallo y la vitina de zapallo.  Me caliento agua en el termo con el calentador eléctrico y me tomo una sopa con vitina todas las noches, eso me ayuda a mantener el calor.  El primer día hizo tanto frío que tuve que ponerme polainas, un pantalón de frisa y para dormir durante la noche fueron necesarias tres frazadas.  Una de esas noches frías caminaba por las calles buscando un bocado caliente para acompañar mi sopa y un humo con olor a asado me llevó hasta una parrillita callejera donde una señora vendía unos brochets de carne con papa.  Se llama anticucho y es corazón de vaca trozado, olía espectacular pero no me atreví a probarlo.-

PERU - CAP 6/15: Camino a Cusco

Cusco, Perú — viernes, 8 de abril de 2011

Lima me exprimió el dinero, pero no porque sea cara, al contrario, es muy barato vivir allí, pero en mis cálculos previos al viaje no consideré la posibilidad de que para movilizarme dentro de esa ciudad tuviera que usar siempre el servicio de taxis.  No hay subtes y solo vi un servicio de ómnibus modernos en una de las avenidas, el resto del transporte público son buses viejos donde una persona que va colgada de los escalones va gritando el destino que vaya uno a saber dónde queda y por dónde atraviesa.  Siendo extranjera, no da para perderse en una ciudad así.

Larcomar
El servicio de taxis es muy particular porque no hay taxímetro sino que el precio se regatea antes de subir y por lo general el precio justo son 2 ó 3 soles menos de la oferta inicial.  Lo máximo que pagué son 15 soles por servicios dentro de la ciudad.  Algunos se avivan, ven que sos turista y te piden 20 ó 25 pero esos no son los precios que se estilan, así que dejé a un par de vivos en banda y me fui en busca de otros precios.  Un precio así es el que deberían cobrarle a uno si quisiera llegar a conocer las tortugas que sostienen a Lima en su espalda.



Sin embargo, el precio de cada viaje es muuuy bajo.  He hecho viajes que en Baires fácilmente podrían haberme costado $45/50 y de ser así no los hubiese podido pagar.  Incluso pude imaginarme en cada viaje las fichas corriendo del taxímetro y el precio que podría haberme costado de tener el cuenta kilómetros.  El taxi en Cusco incluso es más barato que en Lima, un viaje no pasa de 2.5 soles, pero en Cusco es otro cantar, allá no necesito taxis para movilizarme por la ciudad, todo lo hago a pie porque la ciudad es mucho más pequeña.
Así y todo en Lima el precio de los taxis es tan irrisoriamente bajo que los taxistas no pueden mantener sus vehículos, entonces uno viaja en automóviles viejos, completamente destartalados y atados con alambre, apenas queda la carrocería de chapa y unos asientos duros.
En el mismo estado que los taxis están las computadoras: teclados destruidos, monitores que perdieron su capacidad de dar imágenes color, modelos viejos y conexiones lentas hacen del acceso a internet un suplicio más que un medio de comunicación internacional on-line.

Así y todo, en Perú el precio bajo es la norma y no hay que estar pendiente de ofertas y descuentos.  Es increíble ir al supermercado y ver que la cuenta suma en cantidad de ítems pero no en cantidad de dinero.  En Baires, el descuento es la excepción y uno vive pendiente de las ofertas y de las tarjetas de crédito según los días de la semana.
Creo que no traje tanta ropa, sin embargo la gente del aeropuerto me dice que mi mochila está pesando 19 kilos!!! Vaya uno a saber por qué.  Y a ese peso en mi espalda hay que sumarle la mochila de mano que llevo adelante pero que nadie me pesó.
Acabo de desayunar un café de Mc Donalds con mi banana mochilera diaria.  Sisisi, estuve pelando la banana en el aeropuerto internacional de Lima.  Ahora estoy en la sala de espera del aeropuerto rodeada de mochileros de distintas partes del mundo y gente local.  A mi izquierda una pareja de mochileros extranjeros que deben rondar los 60 años, con botas y pantalón de trekking, con mochila y botella de agua y es como yo también quiero verme a esa edad.  Ser mochilero no es una actividad sino un estilo de vida donde la edad biológica nada tiene que ver con ser joven o viejo, siendo mochilero se puede ser joven incluso a los 60… la juventud y la vejez son sólo una cuestión de actitud.
Otra característica de Perú es su gran diversidad cultural, incluso en su capital, entonces es como que cada uno tiene su propio sistema de normas y valores pero al convivir todos juntos en una misma ciudad, esos sistemas colapsan, se entrechocan, se solapan y esto hace difícil la implementación de políticas públicas.  No existe una única identidad cultural nacional sino una pluralidad de culturas.  Sería como el extremo opuesto al caso de Chile.  Una prueba de esta gran diversidad es que en la Plaza de Armas de Cusco no flamea la bandera del Perú sino la de los Pueblos Originarios.

La diversidad se nota también en la música.  Me he despertado a las 5am por vecinos que escuchaban a esa hora música tecno a todo volumen.  Y así como en muchos lugares se escucha mucha música tecno, en otros reina la cumbia.
Perú es un crisol cultural.-

martes, 27 de enero de 2009

PERU - EN BUSCA DEL MACHU - CAP 3/4: Camino del Inca hacia Machu Picchu

Machu Picchu, Perú — martes, 27 de enero de 2009 

Estamos en Bolivia otra vez.  Acampando en la terminal de micros otra vez, esperando el micro que nos lleva hacia el Salar de Uyuni.  Obviamente no muy contentas.  En Perú las rutas están absolutamente marcadas y no tienen ni un solo bache, son nuevas, bien señalizadas y con buena banquina.  Los transportes son de primera, los micros espectaculares, uno de ellos tenía cortinas amarillas y una cortina roja indicando la ventana de emergencia.  Los trenes son los segundos en calidad a nivel mundial.  Acá en Bolivia, se hace camino al andar... y los micros apenas si tienen carcaza... tren nunca pudimos tomar porque nunca hay pasajes...
 

Inicio del trekking
El Camino del Inca fue lo máximo en todos los sentidos: en emociones, en aventura, en desafíos.  Nos pasaron a buscar el jueves por la mañana y nos trasladaron en una combi hasta el kilómetro 82, antes de llegar a Machu Picchu al cual debíamos llegar 4 días más tarde, caminando por la montaña.  Éramos un grupo de 11 turistas argentinos + 10 porteadores + 1 cocinero + 1 guía.




Primer campamento
Ese primer día, el trayecto fue relativamente fácil, caminamos pocas horas, unas 5 o 6hs, unos 8km, y acampamos en un lugar bastante lindo pero desagradable en cuanto al tamaño de las arañas que merodean la zona... más grandes que una mano...

 
El segundo día fue un desafío un poco mayor.  Nos despertaron y en la misma carpa nos sirvieron tè de coca.  El desayuno fue muy abundante e incluía panqueques con dulce de leche y avena caliente.  Necesitábamos energía porque la mayor parte del camino era en subida, 1000 metros de subida hasta alcanzar el punto máximo, un paso a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, en una fila interminable de mochilas coloridas que se desplazaban lentamente sobre las montañas, por caminos inclinados hacia arriba, adornándolas como guirnaldas.  El punto máximo lo alcanzamos con mucho frío y neblina, comiendo mucho chocolate, pero llegamos después de caminar unos 10 km.   Esa noche acampamos, sin saberlo, sobre un antiguo cementerio inca con los baños a lo lejos en medio de un barrial.

Porteadores
Los porteadores hacían el mismo camino que nosotros solo que llevaban en sus espaldas las carpas, los alimentos, la garrafa, todo aquello que nosotros íbamos a necesitar en cada campamento.  Llevaban en sus espaldas unos paquetes enormes y corrían por el mismo camino que a nosotros nos costaba caminar, para llegar antes que nosotros y armarnos todo el campamento así poder esperarnos con todo listo a nuestra llegada.  Como los caminos eran angostos y de cornisa, cuando ellos pasaban todos gritaban "porteador" y nos íbamos corriendo para dejarlos pasar.  Todos tenían una dedicación increíble: el cocinero estaba en todos los detalles, nos preparaba platos recargados de calorías y de picantes, el que nos servía la mesa nos esperaba con las bebidas calientes en la entrada de la carpa comunal, los que nos despertaban en las carpas individuales venían con los vasitos y el termo con té de coca, todo estaba listo antes de que en nosotros surgiera la necesidad.




El camino del inca, en gral, es empedrado, pero no parejo, con lo cual los tobillos están todo el tiempo haciendo equilibrio, sobre todo, cuando luego de la lluvia, las piedras se vuelven además resbaladizas.  Sumado a esto, una interminable cantidad de escalones de piedra... algunos muy angostos para que entre el pie, otros muy altos como para que la rodilla no se resienta, algunas escaleras muy empinadas y sin barandas como para desafiar la propia gravedad y el precipicio acompañando siempre a un costado.  Mucha exigencia física y emocional.  A pesar de que llevamos un bastón de ayuda, terminamos con las rodillas doloridas y los pies ampollados.  El clima es cambiante, por momentos sol, por momentos lluvia -pero por suerte, lluvia suave-.  Llegamos a un punto de tener toda la ropa mojada y embarrada, a tener la carpa con goteras, a no saber qué ponernos, a tener que usar ropa húmeda sobre ropa húmeda y a cuidar la ropa "de cama" como oro por ser las únicas prendas secas.  Atravesamos también varios puentes de troncos y varios túneles cavados en la roca.

"Y para todo lo demás, existe Mastercard"
El tercer día se hizo interminable.  Eran 16km, unas 9 hs caminando.  Durante el trayecto visitamos algunos complejos arqueológicos.  El camino ingresa en zona boscosa y el paisaje cambia radicalmente.  Más húmedo, más verde. El camino este día se hace más largo para poder estar más cerca de Machu Picchu el cuarto día.  Ahí acampamos en un lugar que para llegar al baño teníamos que atravesar otro camino de cornisa.


 

El cuarto día nos despertaron a las 3:40 am, desayunamos y salimos a caminar en medio de la noche, con la Vía Láctea sobre nuestras cabezas, iluminando el camino con algunas pocas linternas (porque muchas de ellas sufrieron desperfectos varios).  Así llegamos al Inti Punku, la Puerta del Sol, en lo alto de una montaña, un portal de piedra que enmarca a Machu Picchu a lo lejos, desde arriba... esa fue nuestra primer visión de la ciudadela.  Continuamos caminado hasta ingresar a Machu Picchu por la parte alta.  Es espectacular pero no por el complejo arqueológico en sí (ya que es muy sencillo) sino por donde esta ubicado... está en la cima de una montaña, en medio de muchas otras cimas, en un abismo, y su planta no es horizontal sino que está levemente inclinada, con lo cual, a medida que uno desciende en la ciudadela, tiene la sensación de caer de la montaña... es como bajar las gradas de la tribuna de una cancha de fútbol... algo similar...





Machu Picchu desde el Inti Punku
 La experiencia gral fue muy agradable, pero no es para cualquiera.  Es una aventura espectacular pero hay que aguantar muchas cosas... los baños, la oscuridad, la lluvia, el barro, la altura, EL VERTIGO.  Pero también nos divertimos mucho, con el grupo (que eran 4 parejas) y entre nosotras, en la carpa, con una sola linterna, rodeadas de bolsas con ropa sucia y mojada, nos hemos reído muchísimo, hasta llorar de la risa -por la desgracia-, al punto de que a los demás les llamaba la atención.

Machu Picchu

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